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martes, 7 de enero de 2020

EL TEMPLO Y BARRIO DEL SEÑOR DE ESQUIPULAS

La historia, descripción del templo y sus alrededores.


Fachada principal del templo de Esquipulas en el barrio del mismo nombre. Propiedad fotográfica de ELGJ.

LOS ORÍGENES


            El barrio de Esquipulas[1] desde el siglo XVII era un amplio terreno circundado por bajos lomeríos semiabandonados que funcionaban como camino real a los pueblos de Tacotalpa, Tapijulapa y Oxolotán donde se encontraba la vicaría de los religiosos dominicos que administraban las iglesias o visitas de Santiago, patrón de Theapa y Santa Ana, patrona de Tecomaxiaca.[2] A finales de ese mismo siglo, con el aprovechamiento de la mano de obra esclava y parda se construyeron galerones que sirvieron de casa habitación para estos grupos sociales, apropiándose de la tierra sin merecimiento legal alguno, edificándose también una pequeña ermita, la primitiva dedicada a San Lorenzo mártir.[3]

            A principios del año de 1778, en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala o comúnmente conocida como La Antigua, varios españoles, hijos muchos de ellos de famosos conquistadores y pacificadores del Nuevo Mundo, pidieron a S. M. Carlos III, Rey de España, mercedes de tierras para habitar en algún lugar de la Nueva España que debido a diversas circunstancias no tenían siquiera una parcela para trabajar, y éste atendiendo a las supremas necesidades de repoblar los vastos territorios de la provincia de Tabasco que en información había recibido el Consejo de Indias por parte de Don Pedro Dufau Maldonado como gobernador interino de la provincia, para que se habitase la tierra por riesgo a perderla, otorgó su Real Cédula al Presidente de la Audiencia de Guatemala para que la ejecutase en su real nombre e informara al Vicario Capitular el Doctor Don Juan Agustín de Lousel, maestrescuelas de la Santa Iglesia Catedral de la ciudad episcopal de Mérida de Yucatán en sede vacante, del nuevo asentamiento de españoles en la jurisdicción espiritual y al gobernador de la provincia de Tabasco, Dufau Maldonado para que brindara las facilidades que por petición suya se había otorgado en un amplio terreno bajo del pueblo de Theapa que a su conocimiento se encontraba  desocupado.[4]

            Según las fuentes que tenemos, la Real Cédula expedida, la relación escrita por el gobernador Dufau, la carta escrita al Vicario Capitular del Obispado de Yucatán[5], sabemos que la peregrinación debía salir a principios del “mes de ánimas”, llevando lo indispensable sobre lomos de animales y baúles en carrozas. No podemos formar un itinerario de viaje debido a la falta de información sobre el mismo, pero hipotéticamente podemos trazar un camino recorrido conociendo un poco sobre las vías de comunicación terrestre utilizadas en la época, sabiendo que lo más probable es hallar el camino por tierra y no por río, que fue el que más seguramente tomaron. La salida fue sin lugar a dudas la ciudad de Santiago de los Caballeros tomando el camino por las Chiapas, pues no era seguro pasar por el Lacandón o el Petén que aún para la época no estaba del todo conquistado y pacificado, la ruta pasó por Chimaltenango, Quetzaltenango, rumbo a Comitlán, Copanavastla, Teopisca, Ciudad Real o Chiapa de los españoles, Chiapa de los Indios, San Marcos Tustla, San Juan Bautista Xitotol, San Dionisio Solistahuacán, San Bartolo Comistahuacán, San Bernardo Tlapilula, Santa Catalina Sulusuchiapa, Santo Tomás Istapangajoya hasta llegar a Santiago de Theapa.

EL ENCUENTRO

       El alcalde de Theapa estaba enterado seguramente de la llegada de estos nuevos habitantes a tomar posesión de la tierra, ésta tierra, sin embargo, estaba ocupada por negros, pardos e indígenas que sin propiedad alguna la habitaban desde hacía muchos años atrás, incluso probablemente por más de un siglo, el hecho es que la tierra estaba ya habitada, no tenemos ningún documento que mencione el hecho de haberse expropiado el terreno a los que sin título de propiedad moraban en el lugar que ya tenía el nombre de barrio de San Lorenzo de los negros. La edificación de una ermita en dirección este a la iglesia parroquial, fue lograda gracias a la tradición indígena de intercambio de santos visitantes, esta devoción a San Lorenzo de Roma se celebraba ya en el poblado indígena de Amatán, actual estado de Chiapas, esta interconexión religiosa propició la veneración al santo que duró hasta principios del siglo XX, suspendiéndose durante la persecución religiosa y reanudándose casi a mediados de la década de los 50’s.[6]

            Los nuevos habitantes llegaron la víspera de la fiesta del Señor de Esquipulas, esto es, el 14 de enero de 1779, el camino había terminado, el largo recorrido desde principios de noviembre había dado fruto ese 14 de enero, pero ahora se enfrentarían a la posesión del territorio. La Real Cédula otorgada por el rey manifestaba que el terreno que el gobernador Dufau había comprometido se encontraba cercano a la cabecera del pueblo de Theapa, así mismo era un terreno de lomeríos bajos rodeado de arroyuelos y manantiales de agua que permitirían a los habitantes dedicarse a la agricultura y ganadería pues el terreno es fértil y productivo, aunque las épocas de lluvias abundaban, pero permitían en tiempos de seca el desarrollo de la siembra. La concesión de la tierra estaba ya fundamentada en la petición del gobernador, pero también en las suplicatorias de los desposeídos de Guatemala, por lo tanto, las tierras realengas no fueron tasadas ni se tuvieron que pagar los derechos de propiedad ni la media annata que todos los agraciados debían pagar al rey por haberles otorgado la merced.[7] Los registros de archivo durante la época colonial en Tabasco son prácticamente inexistentes en la entidad, su pérdida es irreparable pues nos han dejado sin la confirmación de muchos de los hechos históricos que acaecieron y que lamentablemente no podremos conocer.

Calle Ramón Medina Johnson que dirige al barrio de Esquipulas, año 1960. Propiedad fotográfica Francisco Romero Gurría.

            Los nuevos inquilinos al llegar a la tierra prometida vieron casas, construcciones sobre el terreno y se determinaron a tomar posesión de ella, sin embargo, los negros libres y demás pardos se opusieron a abandonar el terreno que durante muchos años habían trabajado y era el asiento de sus familias, movidos por la piedad y el sentimiento, recordando probablemente la caridad cristiana y en señal de fe y devoción al Cristo que llevaban, la preciada reliquia negra, decidieron concertar fraccionar la tierra y convertirla en un verdadero barrio para que en él habitaran por lazos de fe y hermandad los criollos, negros, pardos e indígenas. Este hecho sea quizá el más conmovedor de la historia de la provincia tabasqueña, pues se ha adelantado en mucho tiempo, antes de ser reconocidos, los valores y derechos humanos en la igualdad de personas y género.

EL SANTO CRISTO

            Lo sucedido a la llegada de estos criollos al nuevo barrio de Esquipulas o antiguo de San Lorenzo de los negros está envuelto en leyenda, que puede tener un trasfondo de cierto, se cuenta que “… habiendo llegado los españoles a estas tierras de Tavasco (sic) y encontrando ocupadas las tierras dadas en heredad por S. M., no tomaron la determinación de correr a los negros y demás habitantes ahí asentados, sino que convinieron con ellos para hacer paces y convivir armoniosamente como una gran familia cristiana, el cura encargado de la parroquia de Santiago del pueblo de Theapa celebró una misa cantada el mismo día a petición pública de los españoles y donde se bautizaron varios vástagos negros y se unieron en matrimonio – al día siguiente 15 de enero solemne fiesta del Cristo Negro Señor de Esquipulas de Guatemala – varios hombres con sus mujeres que vivían en el pecado,… y habiéndose efectuado la ceremonia pensaron en la construcción de un nuevo templo para la veneración de la sacratísima imagen…”,[8] nos parecería precipitado decir que el mismo día de la llegada de los criollos se hayan bautizado algunos negritos y castas en la capilla y aún nos parecería casi imposible que el sólo hecho de la llegada del Cristo haya movido a parejas de negros y pardos a contraer matrimonio eclesiástico al día siguiente, considerando que el efecto de haber llegado el grupo criollo fue quizá hasta de inconformidad por la intrusión de un nuevo grupo social que venía a desterrarlos de las tierras que ocupaban desde tiempo atrás.

            Inclusive si las festividades fueron concurridas, el proceso de asimilación del cambio del patronazgo tuvo que haber sido gradual, lo mismo que la imposición del nombre al nuevo barrio, que ya seguramente para finales del siglo XVIII ya había tomado el nombre de Esquipulas en honor al Cristo; la complejidad de ese proceso de asimilación debió haber sido trascendental ya que no quedó rastro del anterior culto a San Lorenzo de Roma diácono y mártir, pero sí prevaleció el culto criollo del Señor de Esquipulas que sin lugar a dudas permeó en la población por identificarse el color negro con la tez de los pardos, negros e indígenas.

Actual imagen (2019) del Señor de Esquipulas que fue donada por el señor Lorenzo J. Mollinedo a mediados del siglo XX pasada la persecución religiosa y restaurado el culto católico. Propiedad fotográfica ELGJ.

            La conformación del nuevo barrio tuvo que haber tenido un espacio realmente considerable, al grado de poder conformar un nuevo pueblo, pero debido a la cercanía con el pueblo de Theapa no logró crearse como tal, a diferencia de Tecomaxiaca que estaba dividido por un arroyo y un camino real que los separaba a pesar de la cortedad de distancia. Observando las propiedades del terreno de lomerío bajo de Esquipulas y la nivelación – aunque claramente erosionada por obra humana con el paso del tiempo en rellenos y recortes a los cerros colindantes – de las tierras, además de los documentos notariales coloniales encontramos que el antiguo barrio tenía al centro como en toda ciudad, la iglesia con atrio y alrededor las cuadras, pero desafortunadamente la división de las mismas se realizaron de forma irregular no observándose hasta la fecha el cuadramiento de calles sino tramos alargados y gruesos con terminal en terrenos y casas estrechas formando triángulos isósceles, además de que calles largas y callejones muy estrechos que no coincidían en todos los tramos.

            La direccionalidad y ubicación podemos registrarla de la siguiente manera: desde las faldas del camino que conduce a las montañas de Chiapas – toda la hoy calle 27 de Febrero, subida a Nicolás Bravo 1a sección y siguientes – hasta la Hacienda La Concepción – actualmente límites del Casino Teapaneco -, la Hacienda Santa Ana en el pueblo de Tecomaxiaca al suroeste – donde se ubica la calle de los mariachis “Santa Cecilia” -, la Hacienda de la Encarnación al oeste – camino rumbo a Santa Cruz y Tacotalpa -, al este el pueblo de Theapa – hasta la calle José Julián Dueñas -. En otras palabras desde el Parque Ecológico hasta la subida a Nicolás Bravo y desde el fraccionamiento La Tejería hasta donde está la cantina La Diplomática y Telégrafos de México.

EL TEMPLO

            La construcción de la iglesia no inició tan temprano, la original construida por los anteriores habitantes era de seto y caña con techo de guano y palmas, rústica como todas las demás del rumbo, su confección era simple, probablemente un altar de madera y una mesa serviría como retablo para la colocación de la imagen del titular. Los criollos al recibir la merced de tierras, no pagaron derechos de propiedad o media annata, sin embargo, sirvió ese capital reunido entre ellos para la cimentación de la actual iglesia, el trabajo debió ser arduo, la estructura o basamento son piedras bolas de río con cal y argamasa. Se edificó con de una sola nave, con techo de palma y guano a dos aguas sostenidas por horcones de madera, con una puerta principal y dos laterales – una de ellas actualmente tapiada -, la fachada presentaba unos relieves en cruces y una principal en saliente en la parte superior de la puerta, coronado con un arco que sostenía las dos campanas originales del siglo XVIII y que muy probablemente fueron bendecidas el día de la llegada de los criollos o al año siguiente para conmemorar su arribo a Theapa; al frente en el atrio una cruz de madera que no sobrevivió a los inicios del siglo XIX.

Templo del Señor de Esquipulas al final de la calle Ramón Medina Johnson, nótese que el actual parque formaba parte del atrio del templo. Propiedad fotográfica Francisco Gurría Romero.

            Resta sólo decir que la iglesia no es de estilo franciscano ya que en primer lugar, la presencia francisana llegó hasta la segunda década del siglo XIX y en segundo, durante su construcción la administración parroquial estaba a cargo de un sacerdote secular, es decir, diocesano, muchos de ellos provenientes del Obispado de Yucatán. El arquitecto historiador Raúl E. Rivero Canto describe el templo de la siguiente manera:
"... la capilla del Santo Cristo de Esquipulas mucho más antigua y más alejada del núcleo de la población presenta formas sencillas y austeras dentro de un volumen predominantemente vertical como suele ocurrir en la región yucatanense. No olvidemos que Tabasco hasta fines del XIX era parte de la diócesis de Yucatán. Evidentemente las molduras de la fachada no corresponden a sus épocas tempranas de construcción. 
El acceso es un vano rectangular flanqueado por dos pilastras monumentales que dividen en tres calles a la fachada pues van desde el nivel del piso hasta el nivel superior. Al mismo tiempo, un par de molduras divide en tres cuerpos a la fachada, siendo éstas la única decoración puesto que las esquinas carecen de ornato. En la calle central, en el cuerpo intermedio sobre el vano de acceso se encuentra una ventana coral semicircular, algo atípico en la arquitectura religiosa. Está enmarcada con discretas molduras. Siguiendo en la calle central, en el cuerpo superior se encuentra el bajorrelieve de una cruz que por su posición en el conjunto sirve para recordar que el templo fue dedicado a una imagen de Nuestro Señor Jesucristo crucificado como efectivamente es el caso de Esquipulas. 
Quizás el elemento más notorio de la fachada de este templo es el elemento que sobresale a manera de campanario. Es un arco de medio punto apoyado en los extremos de las grandes pilastras de la fachada. De él penden tres campanas. El arco está flanqueado por pináculos profusamente verticales y está rematado por una cruz." (Rivero Canto, Enrique (2017): Las fachadas de los templos de Teapa. Inédito.)



            Las festividades organizadas para celebrar al Cristo de Esquipulas fueron diversificadas, a ellas concurrían toda la población del pueblos y villas de la municipalidad, la fiesta engalanada con la presencia de los coletos con sus dulces de cajeras, confites, anisillos, el pan coleto y su producción de su incipiente y rudimentaria industria de zapatos, guitarritas, trepatemicos, jichijuichís, etc. Los chamulas ofrecían su servicio como bestias de carga (hombres fuertes, indios, semidesnudos, ignorantes del español). La feria propiamente se efectuaba fuera de la iglesia, a sus lados y sobre todo enfrente. Allí se vendían toda clase de golosinas: dulces, tamalitos, chicharrones, encurtidos, refrescos varios. Los juegos de azar, como la ruleta, el chingolingo y otras mil trampas del ingenio humano.[9]


Lic. Eddy Lorenzo González Jiménez, historiador.



[1] Para una idea general de la conformación del barrio de Esquipulas véase González Jiménez, Eddy Lorenzo (2014): Las Fiestas de mi Pueblo. Teapa, Tabasco, inédito. Ídem (2009): La Antigua festividad de la Santa Cruz en la Iglesia del Señor de Esquipulas, Teapa. Teapa, Tabasco: Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, 25 pp.; Rivero Canto, Raúl Enrique y González Jiménez, Eddy Lorenzo (2015): Mirad lo que hizo Santa Rosa”. Voto, bajada y fiesta zoque de los santos “chiapanecos” al pueblo de Santiago de Theapa de finales del siglo XVIII al XIX, en López García, J. Jesús y Rivero Canto, Raúl Enrique (coords.): Espacios sagrados y prácticas religiosas: fuentes y métodos para su estudio. Universidad Autónoma de Aguascalientes. México, 2017, págs. 151-160.
[2] Gallegos Gómora, Miriam Judith (2008): Hacendados, arquitectos y evangelizadores: los dominicos de Oxolotán en los siglos XVI-XVII. Exposición en el 1er. Foro de la Sierra. Universidad Intercultural del Estado de Tabasco, Oxolotán, Tacotalpa, Tabasco, 23 pp.
[3] Rosado González, Manuel (1990): Historia y Geografía de Teapa. Gobierno del Estado de Tabasco, Instituto de Cultura de Tabasco. Tabasco, México, p. 11.
[4] Traslado de la Real Cédula a la Audiencia de Guatemala ordenando se proporcione lo necesario para la fundación de la colonia española en el pueblo de Theapa en la provincia de Tabasco, 26/VIII/1778. Archivo General del Estado de Yucatán (AGEY). Caja 22, vol. 1, exp. 15, f. 1; Gil y Sáenz, Manuel (1979): Compendio Histórico, Geográfico y Estadístico del Estado de Tabasco. México: Consejo Editorial del Gobierno del Estado de Tabasco, pág. 145.
[5] Además se posee una carta del Arzobispo Antonio Pascual de San Pedro de Alcántara Caballero y Góngora otorgada desde el Virreinato de Santa Fe el 16 de febrero de 1779, donde espera que el nuevo prelado de Yucatán se haga cargo de atender el pasto espiritual de los llegados españoles, informando además de su toma de posesión del Arzobispado y agradeciendo la misiva enviada por ellos el 28 de noviembre pasado “… desde un pueblo de la Verapaz…”. Archivo General de Centroamérica (AGCA). A 1, leg. 23567, exp. 76, fs. 28-33. Carta del Arzobispo de Santa Fe a los fieles hijos españoles que van a la provincia de Tabasco. 16/II/1779.
[6] González Jiménez, Eddy Lorenzo (2009): p. 14. La gran veneración a San Lorenzo diácono y mártir de Roma hizo que a pesar de no volver a ser prestado por el pueblo de Amatán, una familia devota de ellos, habitantes del conocido rancho Tejería al sur de Tecomajiaca los prestara cada año para ser llevados al templo de Esquipulas durante las fiestas de la Santa Cruz el 3 de mayo.
[7] De Solano, Francisco (1991): Cedulario de Tierras. Compilación de legislación agraria colonial (1497-1820). México: UNAM, pág. 25.
[8] “Relación que hace el Sr. Pbro. Nicanor José Gonzalo Hernández al obispo de las Chiapas sobre la situación que impera en la parroquia de la ciudad de Teapa en el estado de Tabasco”. En Rodríguez Escandón, Aristeo (1892): Breve reseña de la vida pública y hechos notables de los miembros más prominentes del clero mexicano en pro del sostenimiento y progreso de la religión católica escrita por…. México: Casa Editorial de A. Rodríguez Escandón, págs. 287-300.
[9] Domínguez, Rafael (2010): Tierra mía. México: Colección Independencia Nacional. Gobierno del Estado de Tabasco, págs. 87-89.

jueves, 23 de mayo de 2019

LOS ANTECEDENTES DE LA FUNDACIÓN DE LA DIÓCESIS DE TABASCO

1518-1864. Primera parte.


El gobierno eclesiástico y territorial en la entidad tabasqueña a lo largo de su desarrollo histórico se ha transformado muchas veces, segregándose y agregándose territorios sin una uniformidad concreta conforme a las disposiciones de los prelados que gobernaron las mitras a las cuales Tabasco perteneció, y al no tener límites establecidos provocaban un sinnúmero de conflictos con los obispados colindantes que deseaban obtener los diezmos y limosnas del territorio tabasqueño para las prebendas y canonjías de sus respectivas catedrales y curatos, la única forma justa que veían los habitantes españoles de la provincia era obtener de la corona y de la Santa Sede la fundación de un obispado que pudiera resolver estas problemáticas.

En el principio… las necesidades…

            Con la bula “Sacri Apostolatus Ministerio” del 24 de enero de 1518 el Papa León X a petición del emperador Carlos V, quedaba fundado el Obispado de Yucatán y Santa María de los Remedios, conocido como Carolense,[1] cuya delimitación se plantearía de forma imaginaria ya que infortunadamente no se conocían aún los terrenos donde se establecería dicha jurisdicción episcopal y los pueblos donde aparentemente se asentarían, se encontraban sin someter a la corona, era el inicio de una conquista y colonización que tardaría más de un cuarto de siglo en lograrse.

            Al fundarse este obispado Carolense no se tomaron en cuenta las particularidades del terreno y se lanzó al acomodo de esta sede sin una visión clara de la realidad geográfica del territorio yucateco, por ello se vieron precisados a trasladar la catedral a Tlaxcala donde surtiría efecto la citada bula el 13 de octubre de 1525 y a la cual pasaría la naciente provincia de Tabasco a depender en lo jurisdiccional y espiritual.[2] El atender material y espiritualmente a la población indígena de la provincia tabasqueña fue un problema que desafortunadamente no se pudo resolver inmediatamente, ni después de tres siglos de dominio español.

Fray Bartolomé de las Casas, OP, Obispo de Ciudad Real de Chiapa, el primer obispo que cruzó por el territorio tabasqueño y del cual se conserva su itinerario de viaje. Propiedad de Félix Parra, 2019.

            La necesidad de evangelización, sometimiento y colonización fue un proyecto general en todas las provincias, Tabasco que largamente nos ocupa, enfrentó el problema de escases de material constructivo para asentarse y radicar, la situación climatológica (calor, lluvias, etc.), la gran dispersión de poblados en toda la provincia y los únicos medios para acercarse eran los grandes y caudalosos ríos; la insalubridad, las epidemias y otros factores, fueron los continuos dolores de cabeza que para los pocos españoles que en busca de tierras para la ganadería y la agricultura, se quedaron a habitarla. El Ilmo. y Rvdmo. Sr. Dn. Fray Bartolomé de las Casas, O.P. en 1545, fue el único Obispo que durante esa época atravesó parte del territorio para ir a tomar posesión del Obispado de Ciudad Real de Chiapa de los Españoles que recientemente se había fundado el 19 de marzo de 1538 y a pesar de que Chiapa cargaba con el territorio de la provincia mínimamente fue lo que se hizo en su favor.

            La visita que realizó el Obispo Las Casas sirvió para que se dieran cuenta de la realidad que estaba viviendo la provincia en el área espiritual cuya atención era realmente urgente, por ejemplo, los conquistadores y gobernantes se encontraban equivocados al pretender que los indígenas se convirtieran espontáneamente a la fe con sólo destruirle los ídolos y haberles ocasionado gran mortandad, él comentaba que ni los indios entendían, ni ellos a los indios y en siete u ocho días no podrían comprender todos los misterios de la fe.[3] Esta experiencia misionera de Fray Bartolomé cuajó en la idea de fundar varios obispados en su territorio episcopal cuyas extensiones eran comparables con los de México y Perú, su petición se elevó al príncipe Felipe de España para que se le descargara el poder atenderlas, y que asignara a otros para ofrecerles una mejor labor pastoral, cosa en la que él se veía imposibilitado por los constantes asuntos públicos en los que estaba comprometido.[4]

Esta petición se unía a la que años antes en carta del 10 de junio de 1532 el presidente de la Segunda Audiencia, Ilmo. y Excmo. Sr. Dn. Sebastián Ramírez de Fuenleal, Obispo de Santo Domingo enviaba al emperador Carlos V para que se fundase varios obispados, entre ellos el de Guazacualcos que tendría a cargo la provincia de Tabasco, desafortunadamente fue un intento frustrado ya que a pesar de la aceptación del soberano dos años después con la Real Cédula del 20 de febrero en la que presentaba a Fray Francisco Jiménez como obispo, éste fallece sin haber llegado a obtener las bulas respectivas de su institución episcopal.[5]

Ilustrísimo Señor Doctor Sebastián Ramírez de Fuenleal, Obispo de Santo Domingo y La Concepción, Presidente de la Segunda Audiencia de México. Grabado en un libro de cuentas, 2019.

            A pesar de la notable refundación del Obispado de Yucatán el 16 de noviembre de 1561, la situación con respecto a la provincia tabasqueña no mejoró en lo más mínimo, los obispos que realizaron la visita pastoral muy poco favorecieron estas iglesias, los escasos sacerdotes visitaban de cuando en vez a su feligresía diseminada por todo el territorio y su delimitación territorial estaba fraccionada, por ejemplo, el cantón territorial del actual municipio de Huimanguillo pertenecía a la mitra de Antequera en Oaxaca, los diezmos de la región serrana (atendida principalmente por los padres dominicos que residían en el convento de Tacpatán) estaban en disputa con el obispado de Chiapa que durante la segunda mitad del siglo XVI y hasta finales del XVII se mantuvo en litigio con el obispado de Yucatán.

Tabla de Obispos que pasaron a Tabasco en plan de visita y de pastoral.

AÑO
VECES
PRELADO
DIÓCESIS
1535
1
Visitador del Obispo de Tlaxcala, P. Juan Revollo
Tlaxcala
1545
1
Fray Bartolomé de las Casas, OP*
Chiapa
¿1551?
1
Fray Tomás de Casillas, OP
Chiapa
1564  y 1569
2
Fray Francisco Toral, OFM**
Yucatán
1575
1
Fray Diego de Landa Calderón, OFM
Yucatán
1632
1
Fray Gonzalo de Salazar, OSA***
Yucatán
1665
1
Fray Luis de Cifuentes y Sotomayor, OP
Yucatán
1681
1
Juan de Escalante Turcios y Mendoza****
Yucatán
1683 y 1687
2
Juan Cano y Sandoval
Yucatán
1697
1
Fray Antonio de Arriaga y Agüero, OSA
Yucatán
1710
1
Fray Pedro de los Reyes Ríos de la Madrid, OSB*****
Yucatán
1718 y 1728
2
Juan Leandro Gómez de Parada Valdés y Mendoza
Yucatán
1732
1
Juan Ignacio María de Castorena y Urzúa de Villarreal
Yucatán
1746 y 1752
2
Fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada y Díez de Velasco, OFM
Yucatán
1764 y 1770
2
Fray Antonio Alcalde y Barriga, OP
Yucatán
1774
1
Diego Bernardo de Peredo y Navarrete
Yucatán
1777
1
Antonio Pascual de San Pedro de Alcántara Caballero y Góngora
Yucatán
1782
1
Fray Luis Tomás Esteban de Piña y Mazo, OSB
Yucatán
1804
1
Pedro Agustín Estévez y Ugarte
Yucatán
1835
1
José María Antonio Mariano Francisco de Paula Guerra y Rodríguez Correa
Yucatán
1865
1
Carlos Manuel Ladrón de Guevara
Chiapas
1870
1
Germán Ascensión Villalvaso y Rodríguez
Chiapas

* OP: Orden de Predicadores      ** OFM: Orden de Frailes Menores      *** OSA: Orden de San Agustín   
**** Clérigo Secular o Diocesano         ***** OSB: Orden de San Benito.

Fuentes: Carrillo y Ancona, Crescencio: El Obispado de Yucatán…; Andrade, Vicente de P.: Noticias biográficas de los Ilmos. Sres. Obispos de Chiapas…; Rico Medina, Samuel: Los predicamentos de la fe…


            El notable gobernante de Yucatán, Diego de Quijada pidió en 1564 a Felipe II que se fundase un obispado que agrupara los territorios de Coatzacoalcos, Veracruz y Tabasco y que la catedral se asentara en éste último sitio, ya que consideraba a Veracruz como una tierra enferma, además el acopio de diezmos sería mayor, unido a la numerosa presencia de religiosos. Además presentaba como candidatos a fray Domingo de Tineo de la orden de Santo Domingo y a fray Antonio Quijada de la orden de San Francisco. Como había sucedido con fray Francisco Jiménez, fray Domingo de Tineo había sido elegido obispo, pero fallece en Puebla en 1567, al año siguiente don Martín Enríquez de Almanza que llegaba como Virrey de la Nueva España traía la respectiva bula de su institución. Lo que sí había de seguro en las intenciones de Quijada eran las profundas divergencias entre él y el obispo De Toral.[6]

            Los últimos intentos en pedir un Obispado en el siglo XVI, salieron de las plumas tanto de autoridades civiles y como de las eclesiásticas; la primera respondía efectivamente a una realidad sociopolítica, como el caso del gobernante Nuño de Chaves de Figueroa en 1592, que buscaba la independencia política de Yucatán y veía un buen negocio en desprenderse de ella en esta forma, evitando la salida de grandes cantidades de diezmos e ingresos de capellanías.[7] La segunda a una necesidad puramente pastoral, el religioso fray Pedro Suárez de Escobar (probablemente franciscano) escribía al Rey en 1577 renovando las viejas peticiones de Fuenleal y Las Casas, que fundara algunas mitras como Chilapa, Goazacualcos y Meztitlán y que fueran encargadas a los religiosos. Pero no fue respondida esta solicitud hasta 30 años después cuando el Rey Felipe III se carteaba con el Arzobispo de México, Ilmo. y Excmo. Sr. Dr. Dn. Pedro García de Santa María Mendoza y Zúñiga el 24 de mayo de 1606 sobre la factibilidad de crearlas, sin obtener en nada resultados favorables para la provincia.[8]

La administración eclesiástica mantenida por Yucatán estaba delegada por el Obispo en un vicario in cápite (elegido por el cabildo catedral) y a su cargo un número de sacerdotes del clero regular y secular que prestaban el servicio en las pocas parroquias de la provincia de Tabasco, que a pesar de su extenso territorio se encontraba completamente reducida, éstas abarcaron hacia finales del siglo XVIII los 8 pueblos y sus anexos en que estaba dividida políticamente, a decir: San Juan Bautista de Villahermosa, Teapa, Cunduacán, Jalpa, Macuspana, Nacajuca, Jalapa y Tacotalpa, en total 8 parroquias.[9]

            Ya a principios del siglo XIX, el olvido de la provincia hizo eco en el cura de Cunduacán, José Eduardo de Cárdenas y Romero que siendo diputado constituyente por la provincia de Tabasco en las Cortes Generales y Extraordinarias de Cádiz en España en 1811, presentó su Memoria a favor de la Provincia de Tabasco donde elevó las necesidades que en lo civil y eclesiástico requerían un remedio urgente. Solicitó a su Majestad la fundación del Obispado de Tabasco para que se atendiera debidamente a cada uno de los feligreses tabasqueños y todas las parroquias que se encontraban en plena decadencia material y espiritual a causa del mal servicio pastoral por parte de los prelados yucatecos.[10]

Pbro. Dr. José Eduardo de Cárdenas y Romero, cura párroco de Cunduacán, Tabasco y Diputado por la Provincia de Tabasco a las Cortes Generales y Extraordinarias de Cádiz. Propiedad de Alfonso Bouchot.

Con la consumación de la independencia con respecto a la Metrópoli en 1821, la provincia de Tabasco se eleva a categoría de Estado gracias al Acta Constitutiva de la Federación Mexicana de 1824 y se establece la formación de un Congreso local, mismo que años después, el 22 de febrero y 10 de marzo de 1829 darían un célebre decreto no. 24 que con 4 capítulos y 21 artículos rompería imaginariamente las relaciones entre la mitra yucateca y la iglesia tabasqueña,[11] en esta disputa relucieron a la par con los gobernantes y diputados (entre los que se encontraba el hermano del vicario, el diputado Miguel Quiroga), el Vicario in cápite José Eugenio Quiroga y su teniente de cura José María Alpuche e Infante que por su participación no tardaron en ser reprendidos en una Carta Pastoral y un Oficio dictado por el Gobernador de la Mitra sede vacante José María Meneses, solucionándose así este conflicto por el dominio del poder eclesiástico, no sin antes advertirles que si deseaban un obispado en Tabasco deberían atender primero a la solicitud necesaria de la Santa Sede Apostólica y de la Mitra yucateca.[12] Este suceso estaba notablemente inspirado en las anteriores declaraciones del cura Cárdenas y la situación política convulsa que estaba viviendo tanto el país como el estado en asuntos religiosos.

Prácticamente casi todo el siglo XIX, fue una lucha constante entre el clero (Iglesia) y el gobierno (Estado), la síntesis de sumisión y repulsión, Tabasco en su liberalidad, pudo conjugar la catolicidad y la política de una forma armónica, prueba de ello era el crecimiento de las parroquias, que suponía igualmente el poblacional en las municipalidades. Además, el Vicario in cápite fray Eduardo de Moncada, OFM estaba aliado al gobierno liberal por conveniencia política o por el temor a las represalias ocasionadas por las famosas Leyes de Reforma que estaban empezando a surtir efecto a lo largo y amplio del territorio mexicano. Para 1857, eran ya 10 las parroquias diseminadas en todo el territorio, en la Constitución de ese año el cantón de Huimanguillo pasaba definitivamente a Tabasco pero no su parroquia que aún seguía sujeta a Antequera. Las parroquias eran todas las anteriormente mencionadas, las de Usumacinta y Frontera que había adquirido ya categoría de parroquias.[13] Esta era la panorámica que presentaba la Iglesia tabasqueña para el comienzo de las gestiones del Obispado.

Carta Pastoral de Gobernador la Mitra de Yucatán al Vicario in Cápite del Estado de Tabasco en contestación al oficio con que acompaña un ejemplar del decreto N. 24 de aquella H. Legislatura. 1829. CAIHY, Biblioteca Crescencio Carrillo y Ancona, Fondo Reservado, Coloc. 253.09C37 – 1829.

Lic. Eddy Lorenzo González Jiménez, historiador.




[1] Esta cuestión del Obispado Carolense fue muy discutida en el siglo XIX por Carrillo y Ancona en su obra El Obispado de Yucatán y por Molina Solís en su contestación histórica El primer obispado de la nación mejicana.
[2] En la Real Provisión del 19 de septiembre de 1526 el emperador Carlos manifiesta sus deseos de que los límites del Obispado abarquen: “… la Provincia Tlaxcaltechle inclusive, y San Juan de Ulúa que confina con Aguas Vertientes, hasta llegar a Matlata e inclusive, y la Villa-Rica de Vera-Cruz, y la Villa de Medellín con todo lo de Tabasco, desde el río Grijalva hasta llegar a Chiapas.”. Carrillo y Ancona, Crescencio: El Obispado de Yucatán…, p. 56. Las problemáticas que surgieron sobre los territorios, jurisdicciones y las fundaciones de los obispados durante los siglos XVI al XVIII pueden verse en el excelente artículo de De la Torre Villar, Ernesto: Erección de obispados…, p. 1-61.
[3] Rico Medina, Samuel: Los predicamentos de la fe…, p. 46.
[4] En un lugar del hoy país de Honduras llamado Gracias a Dios el 9 de noviembre de 1545, el Obispo Las Casas le decía al Príncipe Felipe (luego Felipe II) que: “… me haga merced de descargarme de la ciudad de Chiapa y de Soconusco y de Yucatan… y haga obispos de Chiapa a otro, y de Tavasco y Guacaquialco a otro, y de Yucatan a otro, y de Soconusco a otro…”. Motivado por la enorme extensión territorial que pastoreaba, por no estar sometidos muchos pueblos indígenas y por los constantes conflictos que tenía con los encomenderos de Ciudad Real y otros pueblos. Aviña Levy, Edmundo (edit.): Cartas de Indias, Tomo I. Artículos Metálicos ELE. México, 1970, pág. 36.
[5] Vera, Fortino Hipólito: Catecismo Histórico-Geográfico-Estadístico…, p. 283.
[6] Jiménez Abollado, Francisco Luis: Los cambios jurisdiccionales… págs. 91-92.
[7] Ibídem, p. 94.
[8] Vera, Fortino Hipólito: Catecismo Histórico-Geográfico-Estadístico…, p. 283.
[9] Gil y Sáenz, Manuel: Compendio histórico…, pág. 41; Martínez Assad, Carlos: Breve historia…, 43.
[10] Esta visión se completaba con una serie de recriminaciones que hacía el cura Cárdenas a las Cortes en favor de Tabasco: a) la enorme distancia de Mérida hacia Tabasco, b) el preferitismo de los prelados por dar a los yucatecos curatos y beneficios, c) la salida de grandes cantidades de diezmos para la mitra y d) el incumplimiento de los curas en sus obligaciones sacerdotales. Cárdenas y Romero, José Eduardo de: Memoria a favor…, págs. 166-170.
[11] Las causas que ocasionaron esta ley corresponden a lo ya afirmado en la nota anterior y que recopiló el destacado historiador Mestre Ghigliazza, Manuel: Documentos y datos para…, Tomo I, p. 370. La postura que adoptó la Iglesia en Yucatán sobre este sonado asunto la trató Carrillo y Ancona, Crescencio: El Obispado de Yucatán…, p. 1012.
[12] Dice Meneses en esta pastoral al Vicario in cápite como último punto resolutivo: “… siempre miraremos al territorio de Tabasco como parte integrante del Obispado de Yucatán, mientras no se divida y separe por autoridad competente y en la forma debida...”. Carta pastoral del gobernador de la mitra de Yucatán…, CAIHY: BCCA, Fondo Reservado, 253.09C37 – 1829.  Nuevamente el Gobernador de la Mitra en este Oficio recomienda al Pbro. Quiroga que: “… Si el Estado de Tabasco desea que en su territorio se erija una nueva iglesia, represente las causas; óigase al gobierno de esta Mitra; elévese todo al conocimiento de los Poderes Supremos de la República… [que] dirigirán las preses a Su Santidad para que las resuelva…”. Oficio del Sr. Vicario Capitular y gobernador del Obispado de Mérida de Yucatán…, en Mestre Ghigliazza, Manuel: Documentos y datos…, Tomo I, págs. 372-378.
[13] La parroquia de Huimanguillo estaba aún sujeta temporalmente a la Diócesis de Antequera y los acuerdos para el traspaso se dieron hasta 1881. Estas parroquias tabasqueñas tenían también a su cargo 78 iglesias, 30 ermitas y 6 oratorios. Vera, Fortino Hipólito: Catecismo Histórico-Geográfico-Estadístico…, p. 283.