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sábado, 15 de enero de 2022

CUANDO BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO PELEÓ CONTRA RODRIGO DE GRADO

 La mitificación de un hecho histórico.

Litografía del retrato de Bernal Díaz del Castillo.

     Desde hace muchos años hemos venido leyendo un "hecho histórico" muy famoso en la historia de Teapa que ha sido creído por no pocas personas, incluso repetido en muchos textos que se reproducen a través de las redes sociales. Los protagonistas del hecho que se cuenta fueron, ni más ni menos que, Bernal Díaz del Castillo el famoso conquistador, cronista y encomendero de este lugar y Rodrigo de Grado un aventurero y conquistador que llegó a ser encomendero por medios no tan legales algunos años después.

     La narración la escribió don Pedro Manuel Rosado González, el primero que investigara y publicara sobre la historia de Teapa. El texto en cuestión se encuentra en su libro "Historia y Geografía de Teapa", publicado por primera vez en 1962 en Teapa, Tabasco, y prologado por el Lic. Adelor D[onaciano] Sala C[asanova]; en la página 9 dice textualmente:

"Bernal Díaz, siendo encomendero de Teapa, al ser designado Capitán de Guatemala y entregar la encomienda a Rodrigo de Grado, vino a hacer una visita a Teapa, y tuvo un encuentro a espadazos con De Grado por haber marcado con fierro candente a los indios de su encomienda. Con todo lo expuesto se reconoce de hecho a Bernal Díaz del Castillo como el fundador del Teapa actual."[1]

      Como se puede desprender del texto, Rosado González ubica el hecho histórico durante el tiempo de encomienda de Bernal Díaz del Castillo en Teapa, esto es, desde el 20 de septiembre de 1522 cuando el capitán Hernán Cortés coloca en sus manos las encomiendas de "los pueblos Teapa y Potuchán"[2] hasta el año de 1528 en que le son arrebatadas de forma ilegal por el capitán Baltasar Osorio en ese entonces a cargo del gobierno de la provincia de Tabasco. Fueron cerca de 6 o 7 años que ostentó la encomienda de Teapa.

Traslado de la cédula de encomienda en la que Cortés
le otorga a Bernal Díaz del Castillo el 20 de septiembre de 1522
los pueblos de Teapa y Potuchan.
AGI, PATRONATO, 89, N. 3, R. 2, F. 30 r.

     Menciona que durante ese tiempo, Bernal fue designado Capitán de Guatemala, hecho que resulta por demás sin fundamento documental alguno, la única ocasión que salió a tierras de lo que hoy corresponde a territorio guatemalteco en el tiempo que estuvo como encomendero en Tabasco, fue durante la salida de Cortés a las Hibueras en 1525, cuyas noticias muy bien hizo el cronista encomendero en su libro Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España en el capítulo CLXXIV y ss.[3], y en la Carta - Relación que escribió Hernán Cortés al emperador Carlos V el 26 de septiembre de 1526 desde la ciudad de México-Tenochtitlan[4]. Es hasta 1540, cuando al regreso de su primer viaje a la península ibérica, pasa a Guatemala por invitación de su suegro, el famoso conquistador Bartolomé Becerra y coloca su residencia en la ciudad de Santiago de los Caballeros donde más adelante tomará una regiduría y fallecerá el 3 de febrero de 1584.

     Otro dato interesante que podemos descubrir es la entrega de la encomienda a Rodrigo de Grado de manera momentánea mientras ocupa el cargo de "Capitán de Guatemala" que como ya pudimos observar no fue un hecho cierto. Aunque sí dejó su encomienda encargada a alguno de los miembros del cabildo de la villa del Espíritu Santo [hoy Coatzacoalcos, Veracruz] donde era regidor, y él mismo menciona en su obra de la Historia Verdadera que en su paso a la Hibueras, estando en algún punto cercano a la hoy ciudad de Villahermosa, "vinieron unos indios de los pueblos de mi encomienda, que en aquella sazón yo tenía, y trajeron cargadas ciertas canoas de bastimentos, los cuales pueblos se dicen Teapa y Tecomajiaca"[5], esto evidencia que alguien administraba en su lugar la encomienda [que no De Grado] y envió la ayuda que la hueste necesitaba a su paso por la provincia de Tabasco. Baste solo recordar que por reales cédulas del emperador Carlos V, los encomenderos tenían prohibido vivir con los indígenas en sus pueblos, por esa misma razón, Bernal Díaz del Castillo la administraba desde la villa del Espíritu Santo.

     Un hecho épico que menciona Rosado es el famoso encuentro a "espadazos" que enfrentó a Rodrigo de Grado con Díaz del Castillo, incluso menciona que el motivo fue haber marcado con hierro candente los cuerpos de los indígenas, infligiéndoles heridas severas. Sin embargo, haciendo una lectura a profundidad de la obra antes citada del encomendero cronista, el protohistoriador teapaneco, confunde a Rodrigo de Grado con Diego de Godoy que llegó desde un principio a las tierras descubiertas con el cargo de escribano de su majestad, que fue con quien sostuvo un enfrentamiento cuerpo a cuerpo:

"Estuvimos cinco días curando los heridos y haciendo entradas, adonde se tomaron muy buenas indias, y se les envió llamar de paz, y que se les daría la gente que habíamos preso, y que se les perdonaba lo de la guerra pasada, y vinieron todos los más indios y poblaron su pueblo, y demandaban sus mujeres e hijos, como les habían prometido, y el escribano Diego de Godoy aconsejaba al capitán Luis Marín que no se las diese, sino que se herrase con el hierro del rey que se echaba a los que una vez habían dado la obediencia a Su Majestad y se tornaban a levantar sin causa ninguna, y porque aquellos pueblos salieron de guerra y nos flecharon y mataron los tres caballos que se pagasen los caballos con aquellas piezas de indias que estaban presas; yo repliqué que no se herrasen, y que no era justo, porque vinieron de paz, y sobre ello yo y Godoy tuvimos grandes debates y palabras y aun cuchilladas, que entrambos salimos heridos, hasta que nos despartieron e hicieron amigos."[6]

Con este texto queda claro que, durante la jornada de pacificación a la provincia de las Chiapas en 1524 a cargo del capitán Luis Marín, a su regreso por la ruta zoque, al pasar por la región serrana de la provincia de Tabasco, los indígenas se alzaron contra los castellanos, situación que desencadenó que en Teapa y Tecomajiaca los sublevados quemaran sus casas y huyeran a los montes. Es en ese contexto que se da lo anteriormente dicho por Díaz del Castillo, se apresaron indias, fueron llamados a la pacificación los indígenas, Diego de Godoy aducía que deberían ser castigados con el herraje en sus cuerpo, Bernal no estaba de acuerdo con el hecho, ese fue el pleito que los llevó a un confrontación directa. En ningún momento aparece un tal Rodrigo de Grado como encargado de la encomienda de Teapa ni que él hubiera marcado con hierro a los indígenas de la encomienda del cronista que llegó a visitar a Teapa, un hecho histórico que ha sido completamente tergiversado.

Avenida Bernal Díaz del Castillo, se aprecia el faro o monumento
dedicado al Ing. Pedro A. González, patriarca del ferrocarril.
Prop. México en Fotos.

     Como se puede colegir del hecho, existen muchas inconsistencia en los relatos históricos oficiales de nuestro municipio que requieren ser aclarados a la luz de los testimonios escritos, esta es una prueba de la carencia de estudios históricos en el municipio de Teapa, ha sido entendible que el protohistoriador Manuel Rosado haya querido darle cierta preponderancia e importancia a la figura de Bernal Díaz del Castillo como "fundador del Teapa actual", pero desafortunadamente no ha sido de ese modo, el encomendero cronista si bien ha sido el primero en tener esa merced de parte de Hernán Cortés, no se ha encontrado ninguna fuente documental que lo haga "fundador" de Teapa, pues queda evidenciado que el poblado ya existía desde tiempos previos a la conquista.


Eddy Lorenzo González Jiménez

Licenciado en Historia, UJAT


*     *     *     *     *

Referencias:

[1] Rosado González, Manuel, Historia y Geografía de TeapaVillahermosaGobierno del Estado de Tabasco, Instituto de Cultura de Tabasco, 1990, p. 9.

[2] Jiménez Abollado, Francisco Luis, “Bernal Díaz del Castillo: descubridor, conquistador y encomendero en Tabasco (1517-1539)”, Castilla y León en América, v. 1, Caja España, Valladolid, 1991, p. 94.

[3] Díaz del Castillo, Bernal, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, 27ª ed., intr. y not. Joaquín Ramírez Cabañas, México, Editorial Porrúa, 2019, n. 5, p. 458 y ss.

[4] Hernán Cortés, Cartas de relación, not. prel. Manuel Alcalá, México, Editorial Porrúa, 2013, n. 7, p. 277-357.

[5] Díaz de Castillo, Historia verdadera..., p. 462.

[6] Díaz de Castillo, Historia verdadera..., p. 428-429.

Archivo General de Indias, Patronato, 89, N. 3, R. 2: Antigua de Guatemala año de 1629. Información secreta hecha a pedimento de doña Jacoba del Valle Corral, mujer de Pedro del Castillo Becerra contador que fue de la provincia en razón de sus méritos y servicios y de los de sus ascendientes. Están con esta los papeles tocantes a Bernal Díaz del Castillo. Francisco del Valle Marroquín”, f. 30 r.

lunes, 17 de septiembre de 2018

EL CEMENTERIO GENERAL DE TEAPA

"La muerte para los jóvenes es naufragio y para los viejos es llegar a puerto."

P. Baltasar Gracián (1601-1658), místico y escritor español.


Entrada principal al Cementerio General de Teapa. Propiedad fotográfica ELGJ.

     La muerte es una de las experiencias más tristes de la vida, por eso, el lugar donde se va a reposar, durante mucho tiempo tuvo una importancia elemental en la vida de los pueblos, tan importante que en el cristianismo, para ser salvado era necesario no sólo haber muerto con los auxilios espirituales, sino también en un lugar muy cercano a la casa de Dios donde pudieran estar en la presencia de su misericordia.

     La terminología es necesaria para poder definir el nombre de estos lugares y al mismo tiempo, conocer la diferenciación entre cada uno de ellos:
  1. Camposanto: se definía al terreno destinado a enterrar cadáveres, según RAE.
  2. Panteón: es un monumento funerario, artístico y arquitectónico destinado al enterramiento de varias personas, RAE.
  3. Cementerio: terreno, generalmente cercado, destinado a enterrar cadáveres, RAE.
     Sin embargo, según las épocas se podían definir diversas líneas conceptuales e ideológicas que diferenciaran cada uno de ellos, por ejemplo, durante la época colonial era común llamarles camposanto, pues eso era originalmente, un lugar "santo" destinado al reposo eterno en un espacio sagrado como templos, iglesias, conventos, etc. El panteón se insertó en el último cuarto del siglo XIX para hacer esa corelación con los famosos panteones europeos de la época griega y romana que fueron transformados durante el renacimiento, se constituyeron en enormes casas o palacios donde una familia sepultaba únicamente a los suyos, principalmente, eran familias de clase acomodada que podían darse ese lujo de gastar en un monumento funerario notablemente adornado y decorado arquitectónicamente. Por último, el término cementerio fue adoptado por el gobierno para sepultar a toda la población civil, de cualquier clase y donde podían haber un sinnúmero de panteones, es decir, monumentos artísticos para las familias ricas al mismo tiempo que terrenos de fosa común para los pobres.

     Desde la época prehispánica la muerte tuvo un sentido de ritualidad donde se acompañaba el cuerpo desde que fallecía hasta que yacía en su última morada, al paso del tiempo, con la conquista e implantación del sistema colonial, el ritual funerario y el sitio de descanso tomaron un punto predominante en la vida de todo cristiano que deseaba reposar cerca de lo sagrado para obtener bendición y protección en la otra vida. Es por eso que en todos los templos se podía sepultar los cuerpos de los difuntos cerca de un altar al cual le tenían devoción, inclusive estaba expresado en documentación notarial como el testamento, dónde debían ser sepultados a la par de realizar los consabidos rezos y misas por su alma.

Avenida principal que lleva a la capilla mortuoria o "ardiente" donde se hallaba anteriormente el osario o fosa común, del lado izquierdo podemos apreciar el Patio 1 y del derecho el Patio 2, que se ampliaron hasta la primera barda perimetral. Propiedad fotográfica ELGJ.

     Los templos parroquiales tanto en su interior como en el exterior, fungieron como los principales lugares de descanso para el cuerpo de los fallecidos; el templo parroquial de Teapa tuvo en su interior muchas lápidas mortuorias de personas que pidieron expresamente ser sepultados ahí, por ejemplo en 1740, el templo se ubicaba con la entrada principal mirando hacia el río, por tanto, el altar mayor estaba donde ahora se ubica su actual frontis, el cuerpo arquitectónico era acajonado y de estilo semigótico, contado en su interior con altares laterales con diversas advocaciones religiosas, es precisamente en esa misma fecha que Dn. Juan Antonio Sánchez, naborío y vecino del partido, expidió su testamento con la finalidad de dejar arreglado sus asuntos personales y en una de las cláusulas explicita que "...cuando su divina majestad fuere servido de llevarme de esta presente vida, quiero y es mi voluntad que mi cuerpo sea enterrado en la Santa Iglesia parroquial de dicho pueblo de Theapa junto al altar de San Nicolás...". Evidentemente, era lo suficientemente espaciosa para poder inhumar muchos más cadáveres, tal cual lo exigían las necesidades de la época, inclusive, alrededor del templo en lo que solemos llamar jardines y atrio, estaba un pequeño camposanto que servía para aquellos que no podían pagar un lugar exclusivo dentro del templo.

     Seis años después, esto es en 1746, un vecino español llamado Dn. Francisco Martínez González, también expedía su testamento bajo notario en la cual expresaba y autorizaba lo siguiente: "... ítem mando mi cuerpo a la tierra de que fue criado para que cuando Dios nuestro señor sea servido llevarme de esta presente vida sea enterrado en la iglesia parroquial  de este pueblo de Theapa junto a el altar del Santo Cristo de las Lluvias y se me diga misa de cuerpo presente con su vigilia y responso y lo demás acostumbrado y si no fuere a hora competente se me diga otro día y que se digan las misas hasta los nueve días aplicadas por mi alma...". Al contrario del anterior, el español podía darse ciertos lujos en el momento de su fallecimiento, las misas que pudiera pagar y el privilegio de estar sepultado en el altar mayor, que era donde estaba el Santo Cristo de las Lluvias, en cambio, un naborío como el expresado líneas arriba, que era un criado común de una hacienda o casa de español, no podía pagar de sus bienes todo lo que fuera necesario para ser tratado de igual forma.

     Como podemos apreciar, los lugares santos donde debían ser sepultados los cuerpo de los fallecidos eran "sagrados" para que el alma alcanzara de la divinidad, gracia, perdón y misericordia, de igual manera, en las grandes haciendas coloniales existían capillas dedicadas al santo patrón del lugar donde también podían ser sepultados los dueños, toda la familia o personas cercanas a éstos, ese fue el comienzo de las bóvedas familiares o capillas familiares. De esta forma, la parroquia llevaba el control de los enterramientos de los fieles y que anotaba en el Libro de Defunciones, cuya fuente de información era muy rica y abundante antes de la creación del Registro Civil a mediados del siglo XIX, muchas veces las iglesias y con ellas el clero tomaba parte en la adquisición de herencias y donaciones de los mismos difuntos como una obra de caridad que sirviera al fallecido en el otro mundo.

     Al iniciar el siglo XIX, por el limitado espacio para sepultar a los muertos en las iglesias el gobierno colonial y, posteriormente el autónomo en los primeros años de la independencia junto a las autoridades eclesiásticas se vieron precisados a destinar nuevos terrenos, si tomamos en cuenta los diversos factores de salubridad que impidieron seguir sepultando a los muertos en los templos como las grandes pestes o epidemias infecto-contagiosas donde la población fue diezmada, el espacio no bastó para dar cabida a tantos cadáveres, las dependencias de salud gubernamentales para evitar infecciones y contagios tomó ciertas restricciones con respecto a la sepultura en los templos parroquiales, además de la pérdida arquitectónica que sufrió el templo de Teapa en la primera mitad de ese siglo cuando amenazaba ruinas y en la que hubo necesidad de reconstruirlo perdiéndose muchas lápidas funerarias y el registro de las personas que ahí reposaban.

     La Ley de Secularización de Cementerios expedida el 30 de julio de 1859 por el presidente interino constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, Lic. Benito Juárez García en Veracruz, despojó la administración de los cementerios a las parroquias y con ello al clero, pasando a manos del gobierno mexicano que por medio de los Jueces del estado civil los administrarían regulando de esta manera todas las inhumaciones y exhumaciones, la citada ley determinaba cuáles eran los espacios que pasarían a depender del gobierno como los "... cementerios, camposantos, panteones y criptas o bóvedas mortuorias..." eso incluiría hasta los particulares, además, sólo a los encargados del Registro Civil junto a los Ayuntamientos, competería velar por la creación y adquisición de nuevos espacios para sepultar y al mismo tiempo cuidar que "la prohibición de enterrar cadáveres en los templos".

     Debido a la imposición de la Ley en todo el país, al regularizarse la administración de gobierno pasada la guerra de Reforma, se procedió con el nombramiento del primer Juez del estado civil de Teapa, que empezó a funcionar en marzo de 1861, que lo fue Dn. José del Carmen Palavicini, donde se adquirió un terreno con un área de 4000 metros cuadrados que de ahora en adelante sería el Cementerio General de Teapa, que tiene su ubicación al final de la ahora calle Pedro Padilla en las afueras del barrio de Tecomajiaca, el primer cuadro estaba demarcado con la avenida principal y de la cual se desglosarían lo siguientes patios, entiéndanse éstos como el conjunto de lotes "a perpetuidad" o alquilados, según la Ley por 5 años antes de exhumarlos y reunirlos en un lugar específico junto a todos los osarios.

     El primer cuerpo del Cementerio General de Teapa era conocido como el Gran Patio y correspondió con una avenida principal y los patios 1 (izquierda) y 2 (derecha), con sus respectivas calles AI, BII, CIII, DIV, EV, FV y GVI (incluida la numeración romana) y el espacio donde actualmente se encuentra la capilla mortuoria estaba el área de osarios o fosas comunes que dejó de funcionar pasada la última infección contagiosa fuerte de cólera en 1934.

Fotografía satelital del Cementerio General de Teapa y las divisiones o modificaciones que tuvieron a lo largo de 150 años desde su fundación en 1860. Se aprecian el Gran Patio con sus partes 1 y 2 al igual que su ampliación posterior. El Patio 3 que lo conforma de manera independiente y el Patio 4 de creación reciente. Fotografía satelital ELGJ, tomado de Google Earth 2018.

      Existía solamente el Gran Patio que daba nombre al Cementerio General, más allá de la ubicación del osario o fosas comunes, era un terreno baldío, de propiedad particular. No sabemos exactamente, si el terreno antes de su creación como Cementerio General fuera propiedad de algún particular y algún Ayuntamiento adquirió para esa finalidad o fue una donación para la construcción del mismo, no tenemos documentos que lo comprueben. Sin embargo, hemos de creer que siendo un terreno ubicado en colindancia con ranchos o haciendas, pudo haber tenido un anterior propietario que lo donó o vendió a la municipalidad.

     Si bien, gracias a los datos estadísticos que proporciona el Registro Civil de Teapa en los Libros de Defunción desde 1861 hasta 1899 que se encuentra depositados en resguardo, debido a que su tiempo de utilidad ya no corresponde al uso general, podemos determinar que existían, hasta la última fecha anotada, 196 lotes o sepulturas comunes, eso incluiría a los mausoleos y otras construcciones funerarias notablemente artísticas pertenecientes a las familias de mejor posición económica de Teapa y que podían traer el material de otros lugares, incluso el extranjero para su construcción. 

     Con el crecimiento poblacional y la demanda de mayor espacio para sepulturas se expandió el terreno mediante compraventa, misma que fue informada con su publicación en el Periódico Oficial del Gobierno del Estado en diciembre de 1918, cuyos límites se hicieron colindar con la primera barda perimetral que tuvo el Cementerio General. Posteriormente en 1972, el H. Ayuntamiento presidido por el Lic. José Ricardo López Aguilar adquirió mediante la compra de un terreno anexo al Cementerio General que era propiedad de la señora Isabel Aguilar vda. de Robles con 748 metros cuadrados con los siguientes linderos: Norte, 34.20 metros, Sur, 33.80 metros, Este, 22 metros y Oeste, 22 metros según las Escrituras Públicas que tenemos a la vista. Se desprenden también otros datos importantes, esa parte del terreno vendida al Ayuntamiento perteneció en la primera mitad del siglo XX al sr. Abraham López Zurita que se lo vendió a la citada propietaria en 1951, se bardeó en 1977 y  es hoy llamado el Patio 3.

     Por último, la insuficiencia del Patio 3 en 1985 del cual ya se habían vendido prácticamente todos lotes, dio lugar que el H. Ayuntamiento representado por el Dr. Higinio Árias Arévalo, Rafael Pedrero Mazariego y el Prof. Ramón Cornelio Gómez, presidente municipal, síndico y secretario respectivamente, por medio de contrato de compraventa a la señora Severina Cantoral Trejo vda. de Cano de un predio rústico ubicado en la Ra. Guadalupe Victoria con 8000 metros cuadrados cuyas colindancias son: Norte, 138.50 metros, Sur, 116 metros, Este, 66.25 metros y Oeste 26.25, 16.20, 15.60 y 23.45 metros con un costo de $8, 000, 000.00 m/n según consta en la Escritura Pública que tenemos a la vista, ésta será la última sección conocida como Patio 4, que hasta el día de hoy funciona a su máxima capacidad. Desde esa fecha a la actualidad ha sido mínimo el cambio arquitectónico que ha sufrido el cementerio municipal como la nueva barda frontal y el acceso principal que fue reconstruido en alguna administración pasada.

     Los cementerios ocupan un lugar preponderante en la vida pública de una sociedad, no hay pueblo que no tenga uno, su presencia se hace patente en cuanto exista población, sin embargo, no estamos exentos de que su funcionamiento tiene una capacidad completamente limitada, pues como veremos en otra ocasión, las necesidades obligan a la construcción de nuevos espacios para sepultar a los fallecidos, y los seres humanos no se pueden escapar a la realidad de la muerte.


Lic. Eddy Lorenzo González Jiménez, historiador.


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Para mayor referencia, véase:

  1. Diccionario de la Real Academia Española, en su sitio web http://dle.rae.es/?w=diccionario, consultado el 17 de septiembre de 2018.
  2. Torres Vera, María Trinidad y Beatriz García Hernández: "Sepan cuantos esta carta vieren..." Documentos notariales en el Tabasco colonial. Tomo II. Secretaría de Educación, Subsecretaría de Coordinación y Desarrollo de la Educación Media y Superior, Archivo Histórico y Fotográfico de Tabasco. Villahermosa, Tabasco, págs. 81-82; 104-105.
  3. Ley de Secularización de Cementerios del 30 de julio de 1859, publicado en el sitio web http://www.memoriapoliticademexico.org/Textos/3Reforma/1859LSC.html, consultado el 17 de septiembre de 2018.
  4. Registro Civil de Teapa, Libros de Defunciones, años 1861-1899.
  5. Testimonio Primero de la Escritura Pública de compraventa de un predio sub-urbano, ubicado en el camino que conduce a la finca La Tejería de esta ciudad, con superficie de 8000 m2 (ocho mil metros cuadrados) que otorga la señora Severina Cantoral Trejo viuda de Cano en favor del H. Ayuntamiento Constitucional de Teapa, Tabasco. Instrumento No. 2476, Vol. 46. Lic. José Ricardo López Aguilar. Notario Público No. 1. 18/Junio/1985.
  6. Contrato de compraventa de un predio sub-urbano "sin nombre" ubicado en la Ra. Guadalupe Victoria con una superficie de 784 m2 (setecientos ochenta y cuatro metros cuadrados) que otorga la señora Isabel Aguilar viuda de Robles en favor del H. Ayuntamiento Constitucional de Teapa, Tabasco. Lic. Cayetano Valencia Aguilar, Juez Municipal. 23/Febrero/1972.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

LA ANTIGUA SANTA PATRONA DE TECOMAXIACA

Las "máscaras de tecomate" en el culto y veneración a Santa Ana.



Al antiguo pueblo y actual barrio de Tecomajiaca.


Antiguo templo de Santa Ana Tecomaxiaca, hoy Santuario parroquial de Nuestra Señora de Guadalupe en el barrio de Tecomajiaca, Teapa, cuya edificación se llevó en el siglo XVIII con mano de obra indígena. Propiedad fotográfica de dominio público.


     El templo santuario de la virgen de Guadalupe, se localiza en la Plaza de la Reforma del barrio de Tecomajiaca con las coordenadas 17°32'43.54" N y 92°57'25.71" O, en la ciudad de Santiago de Teapa, Tabasco, es un templo católico colonial que sigue teniendo la función para la cual fue edificado, es decir, el culto religioso.

     Su construcción data del siglo XVIII, por lo tanto es una de las últimas reliquias de la época colonial en Tabasco y de las que continúan de pie luego de la persecución religiosa a la cual fueron sometidos todos lo templos de la entidad. Cabe destacar que la construcción del actual templo recayó en el clero secular, - no en una orden religiosa como se ha presentado en múltiples textos de carácter histórico que repiten la misma información sin haber indagado la realidad del edificio -, quienes en 25 años lograron poner en pie una estructura de tal magnitud que requirió la ayuda de la mano indígena que la construyó por completo. No nos detendremos en la historia del edificio, pues eso está planeado para otro artículo aparte, sino en la devoción del pueblo por la patrona del lugar.

     A la llegada de los conquistadores, Tecomaxiaca era un pueblo separado de Teapa, cuyo nombre original en zoque era Huiquipomo. Con la llegada de la evangelización en la década los 30's del siglo XVI fueron fundándose pequeñas capillas y otorgándose los patronazgos a los distintos pueblos, a Teapa se le asignó el patrocinio de Santiago Apóstol y a Tecomaxiaca el de Santa Ana. Estos santos se unirían al nombre de los pueblos para su identificación en el ámbito eclesiástico y de esta manera serían conocidos por todos los pobladores.

Imagen de Santa Ana que fuera titular del tempo de Tecomaxiaca desde el siglo XVIII, debido a que su culto declinó a finales del siglo XIX, pasó el patronazgo a la virgen de Guadalupe. Propiedad fotográfica ELGJ.

     Santa Ana Tecomaxiaca era para 1545 una pequeña capilla o ermitilla edificada con elementos perecederos, materiales naturales de construcción con postes y vigas de madera y techumbre de huano o guano, que por el clima no duraban más de 20 años en pie. La imagen titular fue traída de Guatemala, era el centro más cercano de la fabricación de imaginería religiosa para los templos, con el tiempo esa imagen se perdió o se degradó de tal manera que hubo en el siglo XVIII tener que conseguir una nueva que sirviera para estrenar el nuevo templo construido a su patrocinio.

     Santa Ana, fue la esposa de San Joaquín, madre de la Santísima Virgen María y abuela de Nuestro Señor Jesucristo, contando su festividad el día 26 de julio, al día siguiente del santo patrón de Teapa, por ser los pueblos a poca distancia. La nueva imagen traída nuevamente de Guatemala y con rasgos perfectamente indígenas en su confección, es una escultura de aproximadamente 1 metro de altura, madera recubierta de yeso y elementos estofados como la túnica y el manto (desafortunadamente una mala intervención de repinte con pintura de aceite borró esos rastros), de pie sobre una base cuadrada, sosteniendo en su brazo izquierdo a la Virgen niña y sobre el derecho un lirio (atributo que actualmente no posee).

"... cuéntase que una vaca estaba amarrada para su fiesta..."


     En el año de 1745, el entonces presbítero domiciliario del obispado de Yucatán y originario de Tecomaxiaca, Sr. Dn. Simón López Gurría, donde poseía diversas casas propiedad de su familia, celebraba la misa en el templo que estaban construyendo los pobladores del lugar, este sacerdote con autoridad del párroco de Teapa, solía llegar a las festividades que se celebraban en el pequeño pueblo.

     Era todo un espectáculo la víspera de la festividad de Santa Ana, incluso se cuenta que mejor que la de Santiago Apóstol en Teapa, fuegos de artificio, ventas de comida y dulces típicos de los coletos llegaban a colocar sus puestos para celebrar con tanta solemnidad la fe y devoción de un pueblo. Santa Ana ya les había cumplido a muchos sus peticiones y obrado milagros impresionantes, como la protección de una epidemia que fue identificada como "peste", impidiendo llegara a azotar a todo Tecomaxiaca, los milagritos colgaban de un velo color blanco para agradecer a modo de exvotos el haber escuchado sus plegarias.

     Como era una fiesta muy vistosa, llegaban de diferentes rumbos, diversas personas se hacían presentes desde Solosuchiapa, Ixtapangajoya, Pueblo Nuevo Pichucalco, Ixtacomitán, Amatán, Oxolotán, Puxcatán y Tacotalpa. Se hacían presentes los danzantes de las "máscaras de tecomate", que era un grupo de indígenas que bailaba para la fiesta de la patrona Santa Ana con la finalidad de agradecer los beneficios recibidos y las bendiciones que ella les enviaba en la siembra, el comercio y en todos los negocios, precisamente el tecomate es el árbol que llamamos de jícaro, de cuyos frutos se hacen las famosas jícaras labradas, pero éste fruto labrado en máscaras que antiguamente en el tiempo prehispánico tuvo mucho auge.


Quatecomatl o árbol de tecomate, cuyo nombre científico es Crescentia cujete, es una planta de unos 5 metros de altura, de cuyo fruto se extraen unas tapas que sirven como jícaras.

     Se cuenta que en ese año, llegada la víspera del día de la fiesta, el 25 de julio, los mayordomos principales no tenían los recursos necesarios para la obtención del bovino para aprovechar la carne que se daría para el festín, hicieron rogativa a Santa Ana para que se pudiera solucionar la situación ya que vendrían de todas partes muchas personas y no habría que darles para comer, llevaron su petición de misa al Pbro. Simón López Gurría, quien revestido con los ornamentos propios de su oficio, comenzó misa para que ella escuchar la plegaria. Al alba, alguien observó que en medio de la plaza o atrio del templo se encontraba una vaca amarrada y como se percataron que no tenía dueño, pues se indagó por todo el vecindario si a alguno se le había perdido, no obteniendo respuesta positiva, tomaron como un milagro de Santa Ana aquél regalo y pudieron así repartir a todos los asistentes.

     Durante muchos años ocurrió el mismo milagro, contándose hasta mediados del siglo XIX, nadie sabía quién la dejaba, por más que muchos se quedaban a ver quien la dejaba, ninguno se percató de la presencia de persona alguna, las mujeres decían que ángeles bajaban con el animal para amarrarlo al árbol donde siempre lo encontraban. Milagro o no, esta tradición se perdió en el tiempo junto con la devoción a Santa Ana, celestial patrona del pueblo y después barrio de Tecomajiaca.


Lic. Eddy Lorenzo González Jiménez, historiador.



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Bibliografía


  1. Villa Rojas, Alfonso (1990): "Los zoques de Chiapas". Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Instituto Nacional Indigenista. México, págs. 30-56.
  2. Salazar Ledesma, Flora Leticia I. (2014): "Los pueblos de la Sierra y los territorios de su región - Los fundamentos del siglo XVI -", en Ruz, Mario Humberto: "Tabasco Serrano: miradas plurales". Universidad Nacional Autónoma de México, Gobierno del Estado de Tabasco. México, pág. 150.
  3. Torres Vera, María Trinidad y Beatriz García Hernández: "Sepan cuantos esta carta vieren..." Documentos notariales en el Tabasco colonial. Tomo II. Secretaría de Educación, Subsecretaría de Coordinación y Desarrollo de la Educación Media y Superior, Archivo Histórico y Fotográfico de Tabasco. Villahermosa, Tabasco, pág. 7 y ss.
  4. González Jiménez, Eddy Lorenzo (2017): "Leyendas Teapanecas". En prensa, págs. 145-147. 

domingo, 9 de septiembre de 2018

UN EXTRANJERO EN EL TEAPA DE 1847

La visita de Carl Bartholomeus Heller en Teapa


Retrato de Carl Bartholomaeus Heller (20/XI/1824-14/XII/1880). Propiedad de dominio público.

     Es importante conocer algunos textos que hablan sobre Teapa, que a lo largo de los siglos no ha pasado desapercibido para los extranjeros, en esta ocasión le corresponde darnos una pauta al naturalista y botánico austriaco Carl Bartholomaeus Heller (Carlos Bartolomé Heller en español), nacido en la región de Moravia (checo y eslovaco Morava y alemán Mähren) entonces perteneciente al imperio austrohúngaro y actualmente a la República Checa, el 20 de noviembre de 1824, siendo muy joven se embarcó con el explorador Teodoro Hartweg en 1845 hacia México y posteriormente continuó solo en la travesía por Yucatán, Chiapas y Tabasco, aventura que relató en su libro Reisen in México in den jahren 1845-1848 [Viajar en México en los años 1845-1847], que fue publicado en 1853 en Leipzig en Alemania.

     Su búsqueda de especies desconocidas de semillas, plantas y flores le llevó a Teapa, donde se embarcó el 20 de noviembre de 1847, logrando hacer un excelente reporte de sus impresiones de viaje y que a continuación vamos a extractar para que se vaya teniendo una idea general de lo que se encontró a mediados del siglo XIX.

      Para realizar esta presentación de textos vamos a entrecomillar "..." y colocar en cursiva los textos correspondientes a la narración de Heller y en corchetes [...] los comentarios personales y algunas intervenciones o explicaciones pertinentes para entender el contexto.

     "Iba rumbo a Teapa, en la frontera entre los estados de Tabasco y Chiapas. En el pongo [una especie de embarcación parecida a los cayucos] me encontré con otros dos pasajeros, don Agustín Vilaseca [este señor sería padre de una religiosa teapaneca que profesaría en la ciudad de México y que después de su exclaustración llegaría nuevamente a su pueblo para abrir una pequeña escuela para niñas en Tecomajiaca] y un español, quienes se dirigían a Teapa por razones de negocios comerciales."

Confluencia del río Teapa y Tacotalpa con el Grijalva en el punto denominado la Majahua, Centro, Tabasco. Propiedad fotográfica de dominio público.

     "... Las frecuentes lluvias de los pasados días habían ocasionado un tiempo nublado y frío, en tanto que el río Tabasco estaba muy crecido y debía alcanzar por lo menos 300 pasos de ancho [equivalente a 418 metros]... Un gran número de haciendas y de ranchos, que aquí se llaman indistintamente sitios [son pequeños terrenos que pueden servir para el pastoreo, el ganado o la siembra y tienen menor categoría que las haciendas]... [habla sobre la desembocadura del río de Teapa] su punto de confluencia se llama las cruzes (sic) [el cruce es la intersección de un río que desemboca a otro] y constituye un verdadero nido de caimanes, presentes aquí en cantidades tales que desde lejos se dan a conocer... alcanzan una longitud de 12 pies [equivalente a 3.65 metros] y en cuanto a rapacidad no se quedan muy atrás de los del Nilo...".

     "A las once de la mañana del día siguiente llegamos por fin al pueblito de la Ermita [actualmente es un rancho en posesión de la familia Sánchez], pasando el cual el río de Teapa deja de ser navegable; así llegó a un feliz término en dos días y medio... Ermita consiste, como la mayoría de los pueblos pequeños en casas de caña, pero cuenta con una iglesia de piedra en la que todos los años se celebra una famosa fiesta religiosa el 8 de diciembre [se celebraba la fiesta de la Inmaculada Concepción, su nombre original fue Ermita de Concepción y fue fundado en el siglo XVIII poblándose por varias familias que prometieron cuidar de la capilla construida en ese sitio]...".

Árboles de Theobroma cacao, nombre científico con el que se designa al fruto del cacao, una imagen como esta debió ser la vista que tuvo Heller al aproximarse a la villa de Teapa en 1847. Propiedad de dominio público.

     "Desde ahí Teapa se encuentra a sólo dos leguas de distancia [aproximadamente 9.656 kilómetros], y proseguimos el viaje en caballos rentados. El camino conducía a través de plantaciones de cacao y las últimas lluvias lo habían dejado casi intransitable. A menudo nos hundíamos hasta las rodillas, de tal manera que los animales solo avanzaron con enorme esfuerzo y prácticamente nos cubrimos de fango."

     "Teapa, un pueblo con mercado a 22 leguas [existe un error de cálculo que Heller hace en la distancia de San Juan Bautista a Teapa, originalmente serían 106 kilómetros pero si tomamos en cuenta el curso del río sobre el cual navegó sería de 60 kilómetros aproximadamente] de la capital, tiene una situación sumamente pintoresca al pie de la sierra de Chiapas y sobre la orilla derecha del río del mismo nombre, y se encuentra rodeada de montañas escarbadas cubiertas por selvas, entre las que la más alta es el Istapangohoya [el cerro de Ixtapangajoya] (aproximadamente 3 000 pies) [aproximadamente 914 metros de altura]."

     "Un gracioso puente salva un pequeño arroyo hacia la calle principal [este arroyo es el Chaspa y el puente construido sobre él llevó el nombre del insigne teapaneco Ing. Félix Fulgencio Palavicini Loria], que va ascendiendo hasta la iglesia y la plaza, situadas sobre una pequeña elevación en el terreno [el terreno a lo largo del tiempo se fue rellenando hasta lograr una aparente nivelación con las calles]. La población consiste, en su mayor parte, en buenas casas de piedra, de las que casi una de cada tres cuenta con una tienda, lo cual confiere al conjunto cierta animación,... Los tejados a dos aguas revestidos de tejas, como hacía mucho no los había visto, otorgaban desde lejos un aspecto europeo al pueblo,...".

Puente sobre el arroyo Chaspa, mismo que se encontraba a la entrada de la villa de Teapa en 1847. Este puentecito fue construido en el año 1902 y por muchos años llevó el nombre del Ing. Félix F. Palavicini. Propiedad ELGJ.

     "Teapa contiene pocas calles compuestas por casas debidamente construidas. La rodea una buena cantidad de casas de caña, que por un lado conforman el pequeño suburbio de Tecomahaca [antiguo pueblo, ahora barrio de Tecomajiaca], el cual desde los tiempos anteriores a la Conquista conserva fielmente tanto su nombre como diversas particularidades."

     "Se atribuye a toda Teapa, sin incluir las numerosas haciendas cercanas, 6 000 habitantes, los cuales, al igual que en México, se reparten entre blancos, indígenas y mestizos. El carácter de los pobladores de la región es bonachón, si bien la moral y la educación tienen bajo nivel... En Teapa solo hay una industria, a saber: la producción de calzado impermeable de ule (sic),... proporcionado en grandes cantidades por un abundante y espléndido árbol... El clima del distrito de Teapa es el mejor de todo el estado; pese a ubicarse todavía en la tierra caliente y a una altura de sólo 200 - 300 pies sobre el nivel del mar...".

     "El volumen de la precipitación es extraordinariamente grande... Llueve durante casi nueve meses al año, y en el invierno el sol a menudo no aparece en el transcurso de ocho días [tiempos que ya no volverán a verse]...".

     "[Ya en diciembre en tiempos de la Navidad] Por la noche me imaginé un cuadro tan alegre de las diversiones de la juventud, los iluminados árboles de la Navidad, el juego y el regocijo en los círculos familiares, en suma, todo, que me pareció incomprensible estar en un país católico sin que se notara nada de celebración de esa noche tan sagrada... Ciertamente no faltan de ninguna manera pomposas ceremonias, pero siempre me ha causado la impresión de una comedia profanadora de la verdadera religión [esto nos obliga a pensar si Heller es protestante o un librepensador], y no podía haber nada más extraño para mí que cuando la orquesta de la iglesia, compuesta por tres músicos, de repente empezó a tocar la melodía del 'buen Agustín' [es una pieza vienesa antigua que data de 1679 compuesta por Max Augustin, trata sobre un payaso cantarín que se quedó dormido entre los muertos por la peste, lo confundieron y lo enterraron en una fosa común aunque después de mucho gritar logró que lo sacaran]... No me corresponde el juicio sobre la sustancia religiosa de la Iglesia en México, pero puedo afirmar que la celebración de fiestas y aún de misa nunca se me ha hecho menos edificante que aquí y posteriormente en Chiapas, de lo que la mayor culpa indudablemente recae en el clero corrompido en estos estados [el notable olvido de la evangelización durante la época colonial influyó sobremanera]."

     "Es más, la situación llega al extremo de que el padre de Teapa no se avergonzaba de colocarse bajo la ventana de una doña por la noche, con la guitarra, para dedicarle una serenata llena de suspiros amorosos; pero aquí ya se está acostumbrado a tales espectáculos que nadie repara en ello y que se habla con tonos elogiosos, inclusive, de la conducta sumamente humana del cura [aún en estos tiempos es evidente la falta de respeto e irreverencia por parte de algunos miembros del clero católico]...".

     "La población se llama Coconá [actualmente ejidos Eureka y Belén] y es muy temida debido a los jaguares, que están intensamente al asecho del ganado vacuno, cabrío y ovejuno... Media hora más adelante, casi todavía más oculto que Coconá, El Rosario [propiedad que sería del señor Joaquín Pedrero abuelo] se sitúa en medio de primorosas plantaciones de cacao y densas selvas...".

     La narración es larga, hay muchos tópicos que podemos seguir detallando en otro momento más oportuno, lo que nos interesa aquí es la narración y descripción de un pueblo como Teapa visto por un extranjero que captó en sus escritos una parte de la esencia de este lugar. El pueblo en ese tiempo no tenía muchas calles, más que la principal llamada camino real, hoy Anastacio Luque y la secundaria que es la que narra Heller que va sobre el puente, que fuera la secundaria a la que él llama principal no pudo saberlo aún así lo consignó de esa manera, las famosas casas de piedra con techo a dos aguas pertenecían a las clases acomodadas y las de cañas a los indígenas zoques, éstas conformaban la periferia del pueblo.



Lic. Eddy Lorenzo González Jiménez, historiador.


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Bibliografía

  1. Cabrera Bernat, Ciprián Aurelio (2010): "Viajeros en Tabasco". Tomo II. Instituto Estatal de Cultura de Tabasco, Gobierno del Estado de Tabasco. Villahermosa, Tabasco México, págs. 109-137.
  2. Rosado González, Manuel (1990): "Historia y geografía de Teapa". Instuto de Cultura de Tabasco, Gobierno del Estado de Tabasco. Villahermosa, pág. 12-13.
  3. Valdéz García, Enrique: "La antigua hacienda Uxmal y sus visitantes en el siglo XIX", en http://www.meridadeyucatan.com/la-antigua-hacienda-uxmal-y-sus-visitantes-en-el-siglo-xix/, consultado el 9 de septiembre de 2o18.