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miércoles, 27 de febrero de 2019

EL 27 DE FEBRERO Y LOS PARTICIPANTES TEAPANECOS

Teniente Coronel Anastacio Luis Luque Martínez



Retrato del Coronel Gregorio Méndez Magaña. Propiedad fotográfica Alfonso Bouchot, 2013.


     Mucho se ha escrito sobre este evento tan particular de armas en Tabasco, pero poco se ha logrado comprender del mismo, autoridades políticas y académicas en muchos de los casos han confundido fechas y lugares, dando paso a lamentables errores que han perdurado hasta nuestros tiempos, uno de ellos ha sido, el suceso histórico suscitado el 27 de Febrero de 1864 en la ciudad de San Juan Bautista.

     Mientras que en México las fracciones conformadas por liberales y conservadores estaban en franca oposición, surgió nuevamente la antigua idea de someter al país ante la voluntad política extranjera, así como la guerra de 3 años, conocida como la Guerra de Reforma, había dado continuidad al movimiento liberal, los conservadores, no obstante su derrota con el triunfo de la república en 1861, se quedaron a brazos cruzados formulando la invitación a Maximiliano de Habsburgo y a su esposa Carlota Amalia de Bélgica por medio de las gestiones del emperador francés Napoleón III que deseaba contrarrestar la influencia estadounidense y tener un aliado que sirviera de muro a los EU, ésta política fue denominada proimperialista por parte de los liberales mexicanos y tuvo un resquebrajamiento al solicitar las 3 potencias europeas el pago de sus adeudos que Juárez como presidente interino había detenido por encontrarse la patria comprometida económicamente.

    So pretexto de exigir el pago, amenazaban comenzar una guerra, que por la diplomacia mexicana se contuvo, más sin embargo, los franceses aprovecharon la oportunidad para hacer efectivas las ideas de Napoleón y tomar por la fuerza el país para sentar en el trono mexicano, abolido en 1823, un monarca extranjero afín al imperio francés, mismo en el que se vio Maximiliano y Carlota. Esta situación que se generó en todo el país, tuvo como consecuencia inmediata el levantamiento de los liberales para repeler a aquellos que estuvieran a favor del imperio, cada Estado de la república se aprestó con valentía a defender el honor de su patria.

    Tabasco no fue la excepción, cuando se presenta el coronel Eduardo González Arévalo (un español que no francés) al mando de un contingente de personas llegadas de Campeche, Yucatán y de otras partes de México, toma la capital San Juan Bautista y ejerce arbitrariamente un gobierno afín al imperio francés. Nótese que en ninguna parte figura algún francés como personaje central, el entonces gobernador de Tabasco tiene que huir para salvar su vida, que lo era en ese entonces el señor Victorio Victorino Dueñas Outrani y Felipe de Jesús Serra Campos como vicegobernador, éste último nos menciona la historia que se va a la sierra tabasqueña a una cabaña que tenía por ahí y esperar mejores tiempos para salir.

     Pero la valentía corrió desde la Chontalpa y la Sierra, que por instrucciones del Coronel Gregorio Méndez Magaña se fueron formando grandes batallones, las secciones "Zaragoza", "Valle", "Centro" y "de Reserva" con hombres de talante como el Coronel Narciso Sáenz, Coronel Lino Merino, Coronel Filomeno López de Aguado, Coronel Eusebio Castillo, Coronel Andrés Sánchez Magallanes, Coronel Juan de la Rosa Pérez, entre otros. Los dos momentos decisivos entre 1863 y 1864, fueron: 1 de noviembre de 1863 en las inmediaciones de la hoy ciudad de Cunduacán, en un terreno denominado Jahuactal, la batalla que hoy lleva su nombre (que en las muchas versiones se toma como una mera leyenda) y la del 27 de febrero de 1864 en la que se logra definitivamente hacer retroceder al enemigo proimperialista francés de la ciudad de San Juan Bautista (Villahermosa) y hacerlos replegarse al único bastión que les quedó en Tabasco, el pueblo de Jonuta que se mantuvo hasta 1866.

     En eso reside la importancia de estas fechas, la primera fue una batalla lograda con una táctica militar y combate cuerpo a cuerpo, la segunda que inicia el 11 de febrero con el ataque de El Principal, donde estaban las fuerzas armadas de los enemigos conservadores y que finaliza con la retirada de éstos últimos fuera de la capital, es la pérdida del poder que nunca tuvieron. No se logró solo, la participación de muchos municipios en defensa de la soberanía nacional fue evidente; la Chontalpa y la Sierra fueron las dos regiones históricas que se aprestaron con afán de sacudirse el imperio del territorio, tiempo antes de la llegada de Maximiliano y Carlota a tierras mexicanas.

     En la Sierra, Teapa y Tacotalpa tuvieron una participación casi heroica, el Coronel Lino Merino Marcín y compatriotas tacotalpenses dieron el ejemplo y le secundaron los teapanecos con el Capitán Anastacio L. Luque, Coroneles Eduardo Rosario Bastar Zozaya, José María Bastar Zozaya, Gregorio Bastar Zozaya y Policarpo Bastar Zozaya en compañía de los civiles Laureano Calzada, Aniceto Hernández, Anastacio Ocampo, Pedro José, Ramón y Natividad Toca, Inés y Ramón Alfaro, Fermín y Simón Rodríguez, León Méndez, Basilio Figueroa, José Natividad y Carmen Brindis, Mariano y Demetrio Chanona, Saturnino Sánchez, Juan de la Rosa Pérez, Pedro Uribe y Tomás Pedrero y una muchedumbre que se enlistó como soldado raso a las órdenes del tacotalpense Merino. Entre todos ellos tenemos la figura de un teapaneco, digno descendiente Bernabé de Luque que fuera escribano real de la provincia de Tabasco y férreo defensor de la Independencia en 1821.

Fotografía del Capitán Anastacio Luque. En el libro de Manuel Rosado González, 1962.


Teniente Capitán Anastacio Luis de Luque Martínez.- Junto con el Teniente Coronel Eduardo Rosario Bastar Zozaya, figuró el Capitán Anastacio Luque. Nació el Capitán Luque el 05 de enero de 1830[1] en la entonces Villa Heroica de Santiago de Teapa. Fueron sus padres, Don Ángel de Luque y Doña Tomasa Martínez de Luque, de cuyo enlace hubo tres hijos: Anastacio (el primogénito), Eraclio (padre del emérito y recordado Dr. Alejandro Luque) y Rosalía (casada con el coronel Eduardo Rosario Bastar Zozaya). Si bien de su formación no se sabe absolutamente nada, es probable que se haya formado en la escuela que fundara el senador Salvador Calcáneo y el cura párroco del templo parroquial en la Villa de Teapa, recibiendo la instrucción elemental, su inquietud y notable experiencia como político innato se vio reflejado en su notable interés en participar como servidor público en el Ayuntamiento y Jefatura Política de Teapa desde temprana edad. El Capitán Luque contrajo nupcias con la señorita Candelaria Medina que era 15 años menor que él, de cuyo enlace no hubo hijos.

     Fue un ferviente defensor de la causa liberal y de las Leyes de Reforma, recalcitrante Juarista y patriota. Esto lo demostró al servir en las filas de los Coroneles Lino Merino, Gregorio Méndez y Eusebio Castillo de quien fue amigo personal y de quien recibió notable instrucción militar. En el informe del Coronel Castillo al Secretario de Guerra, menciona al Capitán Luque por su arrojo y valor en la toma de El Principal, hecho de armas ocurrido el 11 de febrero de 1864.[2] Allí recibió un balazo en una oreja y fue muy felicitado por los Coroneles Méndez y Castillo. El notable escritor José María Merino en su poco recordada Carta a la memoria del Coronel Lino Merino de 1905 recuerda los hechos notables de quienes participaron a su lado en la lucha contra los invasores proimperialistas franceses, entre ellos considera a teniente capitán Luque.


Acta de defunción del capitán Anastacio Luque, cuya muerte se verificó el día 4 de abril de 1895. Oficialía del Registro Civil de Teapa, Tabasco.

     Después, las actividades desempeñadas como Juez del Estado Civil (1879-1881) y tres veces Jefe Político en diversas fechas (1877, 1884 y 1886) nombrado por los gobernadores General Juan Ramírez Calzada, Dr. Manuel Mestre Gorgoll y Coronel Eusebio Castillo por la confianza y las cualidades morales que le caracterizaron. A pesar de su “recalcitrante Juarismo” pasó a la filas porfiristas donde obtuvo el reconocimiento de personalidades tabasqueñas que también participaron en los diferentes vaivenes de la política estatal y conocieron de cerca la entereza y rectitud de Anastacio. El General Abraham Bandala Patiño, gobernador del Estado varias veces lo visitó en su casa habitación de la calle José Víctor Jiménez que comenzaba en la ahora bajada hacia las “4 Esquinas”, donde falleció el 4 de abril de 1895 a la edad de 65 años según su acta de defunción de ictericia firmada por el Juez del Estado Civil Eugenio Quintero y testimoniada por los señores Alberto P. Wade y los Ramones Castro y Pérez amigos del extinto, dejando viuda a doña Candelaria Medina a los 50 años de edad. Fue sepultado en el Cementerio General de la Ciudad con los honores correspondientes a un veterano de la defensa de la Patria.


Lic. Eddy Lorenzo González Jiménez, historiador.


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Bibliografía

  • Filigrana Rosique, Jesús Arturo (2015): Un territorio republicano en el seno de un imperio, en Ruiz Abreu, Carlos Enrique (coordinador): La intervención francesa y el triunfo liberal en Tabasco (27 de febrero de 1864). Gobierno del Estado de Tabasco, Instituto Estatal de Cultura. Villahermosa, Tabasco, págs. 101-144.
  • Rico Medina, Samuel (2015): Los intervencionistas en Tabasco: 1862-1867, en Ruiz Abreu, Carlos Enrique (coordinador): La intervención francesa y el triunfo liberal en Tabasco (27 de febrero de 1864). Gobierno del Estado de Tabasco, Instituto Estatal de Cultura. Villahermosa, Tabasco, págs. 145-198.
  • Rosado González, Manuel (1990): Historia y geografía de Teapa. Gobierno del Estado de Tabasco, Instituto de Cultura de Tabasco. México, p. 30.
  • Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, Biblioteca Histórica "José Martí", catálogo por título de obras microfilmadas, enero de 2009.
  • Oficialía del Registro Civil de Teapa, Libro de Defunciones, Primer Semestre, año 1895, foja s/n, partida número 20, ANASTACIO L. LUQUE.
  • González Jiménez, Eddy Lorenzo (2016): Documentos y datos para la biografía del Capitán Anastacio L. Luque (compilados, corregidos y anotados). Secretaría del H. Ayuntamiento Constitucional de Teapa (2016-2018). Ciudad de Santiago de Teapa, Tabasco, 21 págs.





[1] Así lo expresa la lápida de mármol en el Panteón General de Teapa. Manuel Rosado mencionaba que era el 10 de marzo de 1847, ignoro dónde habrá obtenido el dato para anotar esa fecha.
[2] La fecha que menciona Manuel Rosado es el 27 de febrero de 1864, pero la documentación presentada da cuenta del 11 de febrero del mismo año, el primer fechamiento es del todo incorrecto y no pudo darse así, pues esa "batalla" correspondió al asalto de la ciudad por parte de los republicanos tabasqueños y a la expulsión definitiva de los proimperialistas de la ciudad San Juan Bautista, que perdiendo la ciudad el enemigo, perdían el control total del Estado, teniendo que huir al último bastión que les quedaba, Jonuta.

lunes, 17 de septiembre de 2018

EL CEMENTERIO GENERAL DE TEAPA

"La muerte para los jóvenes es naufragio y para los viejos es llegar a puerto."

P. Baltasar Gracián (1601-1658), místico y escritor español.


Entrada principal al Cementerio General de Teapa. Propiedad fotográfica ELGJ.

     La muerte es una de las experiencias más tristes de la vida, por eso, el lugar donde se va a reposar, durante mucho tiempo tuvo una importancia elemental en la vida de los pueblos, tan importante que en el cristianismo, para ser salvado era necesario no sólo haber muerto con los auxilios espirituales, sino también en un lugar muy cercano a la casa de Dios donde pudieran estar en la presencia de su misericordia.

     La terminología es necesaria para poder definir el nombre de estos lugares y al mismo tiempo, conocer la diferenciación entre cada uno de ellos:
  1. Camposanto: se definía al terreno destinado a enterrar cadáveres, según RAE.
  2. Panteón: es un monumento funerario, artístico y arquitectónico destinado al enterramiento de varias personas, RAE.
  3. Cementerio: terreno, generalmente cercado, destinado a enterrar cadáveres, RAE.
     Sin embargo, según las épocas se podían definir diversas líneas conceptuales e ideológicas que diferenciaran cada uno de ellos, por ejemplo, durante la época colonial era común llamarles camposanto, pues eso era originalmente, un lugar "santo" destinado al reposo eterno en un espacio sagrado como templos, iglesias, conventos, etc. El panteón se insertó en el último cuarto del siglo XIX para hacer esa corelación con los famosos panteones europeos de la época griega y romana que fueron transformados durante el renacimiento, se constituyeron en enormes casas o palacios donde una familia sepultaba únicamente a los suyos, principalmente, eran familias de clase acomodada que podían darse ese lujo de gastar en un monumento funerario notablemente adornado y decorado arquitectónicamente. Por último, el término cementerio fue adoptado por el gobierno para sepultar a toda la población civil, de cualquier clase y donde podían haber un sinnúmero de panteones, es decir, monumentos artísticos para las familias ricas al mismo tiempo que terrenos de fosa común para los pobres.

     Desde la época prehispánica la muerte tuvo un sentido de ritualidad donde se acompañaba el cuerpo desde que fallecía hasta que yacía en su última morada, al paso del tiempo, con la conquista e implantación del sistema colonial, el ritual funerario y el sitio de descanso tomaron un punto predominante en la vida de todo cristiano que deseaba reposar cerca de lo sagrado para obtener bendición y protección en la otra vida. Es por eso que en todos los templos se podía sepultar los cuerpos de los difuntos cerca de un altar al cual le tenían devoción, inclusive estaba expresado en documentación notarial como el testamento, dónde debían ser sepultados a la par de realizar los consabidos rezos y misas por su alma.

Avenida principal que lleva a la capilla mortuoria o "ardiente" donde se hallaba anteriormente el osario o fosa común, del lado izquierdo podemos apreciar el Patio 1 y del derecho el Patio 2, que se ampliaron hasta la primera barda perimetral. Propiedad fotográfica ELGJ.

     Los templos parroquiales tanto en su interior como en el exterior, fungieron como los principales lugares de descanso para el cuerpo de los fallecidos; el templo parroquial de Teapa tuvo en su interior muchas lápidas mortuorias de personas que pidieron expresamente ser sepultados ahí, por ejemplo en 1740, el templo se ubicaba con la entrada principal mirando hacia el río, por tanto, el altar mayor estaba donde ahora se ubica su actual frontis, el cuerpo arquitectónico era acajonado y de estilo semigótico, contado en su interior con altares laterales con diversas advocaciones religiosas, es precisamente en esa misma fecha que Dn. Juan Antonio Sánchez, naborío y vecino del partido, expidió su testamento con la finalidad de dejar arreglado sus asuntos personales y en una de las cláusulas explicita que "...cuando su divina majestad fuere servido de llevarme de esta presente vida, quiero y es mi voluntad que mi cuerpo sea enterrado en la Santa Iglesia parroquial de dicho pueblo de Theapa junto al altar de San Nicolás...". Evidentemente, era lo suficientemente espaciosa para poder inhumar muchos más cadáveres, tal cual lo exigían las necesidades de la época, inclusive, alrededor del templo en lo que solemos llamar jardines y atrio, estaba un pequeño camposanto que servía para aquellos que no podían pagar un lugar exclusivo dentro del templo.

     Seis años después, esto es en 1746, un vecino español llamado Dn. Francisco Martínez González, también expedía su testamento bajo notario en la cual expresaba y autorizaba lo siguiente: "... ítem mando mi cuerpo a la tierra de que fue criado para que cuando Dios nuestro señor sea servido llevarme de esta presente vida sea enterrado en la iglesia parroquial  de este pueblo de Theapa junto a el altar del Santo Cristo de las Lluvias y se me diga misa de cuerpo presente con su vigilia y responso y lo demás acostumbrado y si no fuere a hora competente se me diga otro día y que se digan las misas hasta los nueve días aplicadas por mi alma...". Al contrario del anterior, el español podía darse ciertos lujos en el momento de su fallecimiento, las misas que pudiera pagar y el privilegio de estar sepultado en el altar mayor, que era donde estaba el Santo Cristo de las Lluvias, en cambio, un naborío como el expresado líneas arriba, que era un criado común de una hacienda o casa de español, no podía pagar de sus bienes todo lo que fuera necesario para ser tratado de igual forma.

     Como podemos apreciar, los lugares santos donde debían ser sepultados los cuerpo de los fallecidos eran "sagrados" para que el alma alcanzara de la divinidad, gracia, perdón y misericordia, de igual manera, en las grandes haciendas coloniales existían capillas dedicadas al santo patrón del lugar donde también podían ser sepultados los dueños, toda la familia o personas cercanas a éstos, ese fue el comienzo de las bóvedas familiares o capillas familiares. De esta forma, la parroquia llevaba el control de los enterramientos de los fieles y que anotaba en el Libro de Defunciones, cuya fuente de información era muy rica y abundante antes de la creación del Registro Civil a mediados del siglo XIX, muchas veces las iglesias y con ellas el clero tomaba parte en la adquisición de herencias y donaciones de los mismos difuntos como una obra de caridad que sirviera al fallecido en el otro mundo.

     Al iniciar el siglo XIX, por el limitado espacio para sepultar a los muertos en las iglesias el gobierno colonial y, posteriormente el autónomo en los primeros años de la independencia junto a las autoridades eclesiásticas se vieron precisados a destinar nuevos terrenos, si tomamos en cuenta los diversos factores de salubridad que impidieron seguir sepultando a los muertos en los templos como las grandes pestes o epidemias infecto-contagiosas donde la población fue diezmada, el espacio no bastó para dar cabida a tantos cadáveres, las dependencias de salud gubernamentales para evitar infecciones y contagios tomó ciertas restricciones con respecto a la sepultura en los templos parroquiales, además de la pérdida arquitectónica que sufrió el templo de Teapa en la primera mitad de ese siglo cuando amenazaba ruinas y en la que hubo necesidad de reconstruirlo perdiéndose muchas lápidas funerarias y el registro de las personas que ahí reposaban.

     La Ley de Secularización de Cementerios expedida el 30 de julio de 1859 por el presidente interino constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, Lic. Benito Juárez García en Veracruz, despojó la administración de los cementerios a las parroquias y con ello al clero, pasando a manos del gobierno mexicano que por medio de los Jueces del estado civil los administrarían regulando de esta manera todas las inhumaciones y exhumaciones, la citada ley determinaba cuáles eran los espacios que pasarían a depender del gobierno como los "... cementerios, camposantos, panteones y criptas o bóvedas mortuorias..." eso incluiría hasta los particulares, además, sólo a los encargados del Registro Civil junto a los Ayuntamientos, competería velar por la creación y adquisición de nuevos espacios para sepultar y al mismo tiempo cuidar que "la prohibición de enterrar cadáveres en los templos".

     Debido a la imposición de la Ley en todo el país, al regularizarse la administración de gobierno pasada la guerra de Reforma, se procedió con el nombramiento del primer Juez del estado civil de Teapa, que empezó a funcionar en marzo de 1861, que lo fue Dn. José del Carmen Palavicini, donde se adquirió un terreno con un área de 4000 metros cuadrados que de ahora en adelante sería el Cementerio General de Teapa, que tiene su ubicación al final de la ahora calle Pedro Padilla en las afueras del barrio de Tecomajiaca, el primer cuadro estaba demarcado con la avenida principal y de la cual se desglosarían lo siguientes patios, entiéndanse éstos como el conjunto de lotes "a perpetuidad" o alquilados, según la Ley por 5 años antes de exhumarlos y reunirlos en un lugar específico junto a todos los osarios.

     El primer cuerpo del Cementerio General de Teapa era conocido como el Gran Patio y correspondió con una avenida principal y los patios 1 (izquierda) y 2 (derecha), con sus respectivas calles AI, BII, CIII, DIV, EV, FV y GVI (incluida la numeración romana) y el espacio donde actualmente se encuentra la capilla mortuoria estaba el área de osarios o fosas comunes que dejó de funcionar pasada la última infección contagiosa fuerte de cólera en 1934.

Fotografía satelital del Cementerio General de Teapa y las divisiones o modificaciones que tuvieron a lo largo de 150 años desde su fundación en 1860. Se aprecian el Gran Patio con sus partes 1 y 2 al igual que su ampliación posterior. El Patio 3 que lo conforma de manera independiente y el Patio 4 de creación reciente. Fotografía satelital ELGJ, tomado de Google Earth 2018.

      Existía solamente el Gran Patio que daba nombre al Cementerio General, más allá de la ubicación del osario o fosas comunes, era un terreno baldío, de propiedad particular. No sabemos exactamente, si el terreno antes de su creación como Cementerio General fuera propiedad de algún particular y algún Ayuntamiento adquirió para esa finalidad o fue una donación para la construcción del mismo, no tenemos documentos que lo comprueben. Sin embargo, hemos de creer que siendo un terreno ubicado en colindancia con ranchos o haciendas, pudo haber tenido un anterior propietario que lo donó o vendió a la municipalidad.

     Si bien, gracias a los datos estadísticos que proporciona el Registro Civil de Teapa en los Libros de Defunción desde 1861 hasta 1899 que se encuentra depositados en resguardo, debido a que su tiempo de utilidad ya no corresponde al uso general, podemos determinar que existían, hasta la última fecha anotada, 196 lotes o sepulturas comunes, eso incluiría a los mausoleos y otras construcciones funerarias notablemente artísticas pertenecientes a las familias de mejor posición económica de Teapa y que podían traer el material de otros lugares, incluso el extranjero para su construcción. 

     Con el crecimiento poblacional y la demanda de mayor espacio para sepulturas se expandió el terreno mediante compraventa, misma que fue informada con su publicación en el Periódico Oficial del Gobierno del Estado en diciembre de 1918, cuyos límites se hicieron colindar con la primera barda perimetral que tuvo el Cementerio General. Posteriormente en 1972, el H. Ayuntamiento presidido por el Lic. José Ricardo López Aguilar adquirió mediante la compra de un terreno anexo al Cementerio General que era propiedad de la señora Isabel Aguilar vda. de Robles con 748 metros cuadrados con los siguientes linderos: Norte, 34.20 metros, Sur, 33.80 metros, Este, 22 metros y Oeste, 22 metros según las Escrituras Públicas que tenemos a la vista. Se desprenden también otros datos importantes, esa parte del terreno vendida al Ayuntamiento perteneció en la primera mitad del siglo XX al sr. Abraham López Zurita que se lo vendió a la citada propietaria en 1951, se bardeó en 1977 y  es hoy llamado el Patio 3.

     Por último, la insuficiencia del Patio 3 en 1985 del cual ya se habían vendido prácticamente todos lotes, dio lugar que el H. Ayuntamiento representado por el Dr. Higinio Árias Arévalo, Rafael Pedrero Mazariego y el Prof. Ramón Cornelio Gómez, presidente municipal, síndico y secretario respectivamente, por medio de contrato de compraventa a la señora Severina Cantoral Trejo vda. de Cano de un predio rústico ubicado en la Ra. Guadalupe Victoria con 8000 metros cuadrados cuyas colindancias son: Norte, 138.50 metros, Sur, 116 metros, Este, 66.25 metros y Oeste 26.25, 16.20, 15.60 y 23.45 metros con un costo de $8, 000, 000.00 m/n según consta en la Escritura Pública que tenemos a la vista, ésta será la última sección conocida como Patio 4, que hasta el día de hoy funciona a su máxima capacidad. Desde esa fecha a la actualidad ha sido mínimo el cambio arquitectónico que ha sufrido el cementerio municipal como la nueva barda frontal y el acceso principal que fue reconstruido en alguna administración pasada.

     Los cementerios ocupan un lugar preponderante en la vida pública de una sociedad, no hay pueblo que no tenga uno, su presencia se hace patente en cuanto exista población, sin embargo, no estamos exentos de que su funcionamiento tiene una capacidad completamente limitada, pues como veremos en otra ocasión, las necesidades obligan a la construcción de nuevos espacios para sepultar a los fallecidos, y los seres humanos no se pueden escapar a la realidad de la muerte.


Lic. Eddy Lorenzo González Jiménez, historiador.


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Para mayor referencia, véase:

  1. Diccionario de la Real Academia Española, en su sitio web http://dle.rae.es/?w=diccionario, consultado el 17 de septiembre de 2018.
  2. Torres Vera, María Trinidad y Beatriz García Hernández: "Sepan cuantos esta carta vieren..." Documentos notariales en el Tabasco colonial. Tomo II. Secretaría de Educación, Subsecretaría de Coordinación y Desarrollo de la Educación Media y Superior, Archivo Histórico y Fotográfico de Tabasco. Villahermosa, Tabasco, págs. 81-82; 104-105.
  3. Ley de Secularización de Cementerios del 30 de julio de 1859, publicado en el sitio web http://www.memoriapoliticademexico.org/Textos/3Reforma/1859LSC.html, consultado el 17 de septiembre de 2018.
  4. Registro Civil de Teapa, Libros de Defunciones, años 1861-1899.
  5. Testimonio Primero de la Escritura Pública de compraventa de un predio sub-urbano, ubicado en el camino que conduce a la finca La Tejería de esta ciudad, con superficie de 8000 m2 (ocho mil metros cuadrados) que otorga la señora Severina Cantoral Trejo viuda de Cano en favor del H. Ayuntamiento Constitucional de Teapa, Tabasco. Instrumento No. 2476, Vol. 46. Lic. José Ricardo López Aguilar. Notario Público No. 1. 18/Junio/1985.
  6. Contrato de compraventa de un predio sub-urbano "sin nombre" ubicado en la Ra. Guadalupe Victoria con una superficie de 784 m2 (setecientos ochenta y cuatro metros cuadrados) que otorga la señora Isabel Aguilar viuda de Robles en favor del H. Ayuntamiento Constitucional de Teapa, Tabasco. Lic. Cayetano Valencia Aguilar, Juez Municipal. 23/Febrero/1972.