lunes, 24 de junio de 2019

CAELESTIS PATRONI

El nombre de San Juan Bautista y su patronazgo en la historia de la ciudad de Villahermosa.


Abstract
Casi todas las ciudades españolas que se fundaron en América desde el siglo XVI y subsecuentes, fueron colocadas bajo el patronazgo de una Virgen o santo católico, con la finalidad de ejemplificar y dar cabida a la protección divina de todos los habitantes. En la provincia de Tabasco no fue la excepción, a pesar de la poca evangelización, logró fraguar una devoción muy popular e histórica en la figura de San Juan el Bautista, el precursor de Cristo, con ello se pretendía situar al naciente pueblo y posteriormente ciudad, dentro de las precursoras que darían origen a toda la Nueva España, la devoción al santo permeó tanto que en la ciudad logró por muchos años mantenerse y aún el día de hoy, como ciudad episcopal, sigue denominándose de tal forma.

Casi desde los inicios del cristianismo oficial con la pax constantiniana, los templos cristianos comenzaron a edificarse sobre las tumbas de los mártires más representativos de los lugares donde fueron martirizados, dichos templos adquirieron con el paso del tiempo, ser lugares de peregrinación, centros de fe y milagros, además de que las mismas ciudades del martirio fueron absorbiendo el nombre del santo mártir y con la difusión del mismo cristianismo, se fueron colocando como personajes íconos en los templos.[1]

Imagen titular de San Juan Bautista, que se venera en el templo y convento del mismo nombre en la ciudad de Coyoacán, CDMX. Propiedad fotográfica del mismo templo de San Juan Bautista, Coyoacán, 2016.
  
Esta herencia permeó por más de doce siglos con la expansión de las misiones católicas y la fundación de comunidades monásticas y mendicantes, como los benedictinos, los carmelitas, los franciscanos, los dominicos, los agustinos y los mercedarios en occidente. Siendo así que la península ibérica conocida con el nombre de Hispania fue evangelizada por un sinnúmero de misioneros (monjes, frailes, diáconos, sacerdotes y obispos) que fueron concentrándose en lugares específicos dentro de la entramada vía caminera de la época para dar cabida a la proliferación de templos en las antiguas ciudades romanas con un creciente número de conversos cristianos católicos a los cuales se les otorgó un santo patrón que ejerció sobre ellos gran influencia mística y religiosa.[2]

A través de esta práctica, los templos cristianos católicos fueron identificándose más con el nombre de sus santos patrones protectores, principalmente personajes bíblicos y mártires, posteriormente al cese de las persecuciones, con los confesores, ermitaños y predicadores que dieron testimonio filial de la fe que profesaron y en la que murieron. Sobre sus sepulturas se edificaron bellos monumentos denominados basílicas a la usanza romana y se convirtieron en centros de peregrinación cristiana.

Imagen titular de Santiago Matamoros, que se venera en el templo y convento del mismo nombre en Tlatelolco, CDMX. Propiedad fotográfica del mismo templo, Tlatelolco, 2019.

La antigua Hispania no estuvo ajena a este flujo místico, el incipiente clero entendió que para un mayor proceso de conversión, no había mejor método que la ejemplificación de la vida de los santos y su influencia en la vida eclesial, con esa finalidad y la del control social, supusieron en una escala otrora de un culto a diversos santos y vírgenes que se convirtieron en abogados de personas y ciudades ante el juicio certero de Dios. Comenzaron a desfilar santos con notable devoción hispana como San Pedro, San Pablo, San Antonio, San Francisco, Santo Domingo, San Andrés, San Felipe, los Santos Santiago, San Lorenzo, San Bartolomé, Santa Clara, Santa Margarita, Santos Juan el Bautista y Evangelista, entre otros, que bajo su nombre y amparo se construyeron catedrales y monasterios.

Durante la última fase del medievo (siglos XIV y XV), la provincia Hispánica ya dividida en reinos independientes como Castilla, León, Aragón, Asturias, Navarra, Galicia y Portugal, con un rey a la cabeza cada uno, solicitan formalmente a la Sede Apostólica que se les otorgue un patronazgo, es decir, un santo identificado con la nobleza para que puedan celebrarlo y honrarlo de manera permanente. De esta forma se hace efectiva la construcción de templos, abadías, conventos y monasterios dedicados a estos santos “famosos” y a otros menos conocidos con culto reducido o localistas; así fueron formándose metodológicamente los primeros religiosos provenientes de las primeras misiones en la recién conquistada tierra americana.

            Esta metodología toponímica y territorial si bien no ha sido estudiada, tenemos base y sustento en el índice experiencial misionológico de los frailes, sus formación mística y religiosa dieron lugar a la construcción de este entramado devocional, principalmente para demostrar su capacidad evangelizadora y al mismo tiempo, su competitividad entre las mismas órdenes, pues como dice Ricard en su ya conocida obra de La Conquista Espiritual de México, debían expandirse para ganar mayor territorio y poder así ser merecedores de mayores privilegios por parte de la corona, tributos y diezmos ofrecidos por los indios para el sostenimiento de sus obras arquitectónicas, aunque por dentro vivieran como completos ermitaños, en la más extrema pobreza ligados a sus votos religiosos y bajo la Regula que habían abrazado en sus conventos originarios de la península.[3]

Plano de la provincia de Tabasco de Melchor Alfaro y Santacruz, 1579. Reproducción de las Relaciones Histórico Geográficas, 2005.

Tanto los franciscanos, los dominicos y los agustinos (que fueron las primeras órdenes religiosas llegadas a los territorios americanos con el objetivo de iniciar su evangelización y la concentración de pueblos bajo la égida religiosa y que sería el punto concreto para un sometimiento civil), establecieron pueblos en los cuales se construyeron iglesias (templos, vicarías, visitas) y conventos (monasterios y prioratos) con la advocación de un santo o una virgen que sirviera de amparo, muchas de ellos fueron encomendados el mismo día del inicio de la construcción a un santo católico que se venerara en el calendario litúrgico vigente en la época, o el día de la terminación de la construcción, también hubieron casos concretos en los cuales se le intituló una imagen religiosa venerada por la comunidad religiosa o por sustitución de fiestas de ídolos con algún santo o virgen que tuviera los mismos atributos místicos.[4]

Esta experiencia misionera inició propiamente desde la llegada de los Doce franciscanos en 1524, posteriormente los dominicos en 1526 y los agustinos en 1533[5], la esfera circundante de la antigua Tenochtitlán, ya denominada ciudad de México Tenochtitlan, sirvió para ir recreando los primeros centros ciudades-pueblos con el patronazgo de algún santo o virgen (titular) y su nombre civil (toponímico), así muchos pueblos anteriormente indígenas serían conocidos con su nombre religioso y toponímico como Santiago Tlatelolco, San Martín Texmelucan, San Bernardino Xochimilco o San Juan Bautista Coyoacán, entre otros. Bien dice Aguirre Beltrán:

“… en ningún momento piensan asignar a Cristo, o a alguna de sus representaciones, el rol de santo patrono de cualquier de los pueblos… pues hacerlo supone en parangón una divinidad que por la propia naturaleza de su concepción, y por su herencia judía, no admite en absoluto intercambio de sus rasgos constitutivos con otra deidad, ya que por definición se estima única, inmutable e infinita.”[6]

Los santos patrones jugaron un papel de suma importancia en la identidad de los pueblos, en ellos se relacionaba un cambio sistemático en el proceso de evangelización, del paso del paganismo idolátrico a una conversión real (que en muchos de los casos a través del sistema de sustitución) fue forzada. Sin embargo, cada pueblo se identificó con su santo patrón o virgen a ellos encomendado y el despunte devocional ha perdurado por siglos en aquellos lugares, esta identificación tiene mucho sentido si se comprende que los indígenas estaban habituados a la celebración de fiestas y ritualidades en torno a sus dioses.

Con la expansión de la evangelización hacia otros confines, más precisamente en el camino que recorre a la península de Yucatán, tenemos enfrentados dos bando completamente opuestos en práctica, en método y en devociones, por un lado a la Orden de Frailes Menores o franciscanos cuya provincia llamada San José de Yucatán se había elevado en 1559 con sede en el convento de San Antonio de Padua en la ciudad de Izamal[7] y por el otro, la Orden de Predicadores o dominicos cuya provincia llamada San Vicente Ferrer de Chiapa y Guatemala se constituyó en 1551 con sede prioral en el convento de Santo Domingo de Guzmán en la ciudad de la Antigua de Guatemala[8], entre estos dos ejes institucionales encontramos la jurisdicción de la provincia de Tabasco.

No es intención de esta disertación hacer una historia de la evangelización en Tabasco, mucho menos de la situación conflictiva que se generó en el traslado de Santa María de la Victoria al sitio donde actualmente se localiza la ciudad capital de Villahermosa, no pretendemos descubrir el hilo negro en esta situación, sin embargo, es necesario precisar algunos puntos esenciales que ayudarán a develar el progresivo nombramiento de San Juan el Bautista como protector de la ciudad y que así haya permanecido durante mucho tiempo como ese elemento unificó la civilidad y la religiosidad.

Bien es cierto que en la villa de Santa María de la Victoria existía una parroquia de españoles encomendada a la virgen del mismo nombre, que según tradición, era la misma que había dejado Hernán Cortés en 1519 por petición de los pobladores indígenas de la antigua Potonchán, pero esa parroquia al principio dependiente del clero secular de la administración chiapaneca y posteriormente yucateca desde la fundación del obispado en 1561; al darse la irrupción pirática en las costas, el gobierno se vio precisado a trasladar la pequeña villa al interior de la provincia para proteger a sus pobladores de una esclavitud o muerte segura, la divergencia de opiniones entre la ficticia desaparición de la villa de Santa María de la Victoria y la fundación de un nuevo poblado no hace posible afirmar concretamente un año de fundación.

Para Salazar Ledesma en su artículo llamado la Ubicación cartográfica de Villahermosa en 1579,[9] en conocimiento de algunas fuentes hacen suponer la existencia de una estancia de ganado en el paraje conocido como San Juan, mismo que hace explicar Izquierdo y de la Cueva como un asentamiento:

“… de habitantes ya no de españoles sino criollos o mestizos, arraigados a su tierra y dedicados al cultivo de cacao, del palo de tinte y a la ganadería que tanto se había extendido. Como el ganado vacuno, caballar y porcino se multiplicó rápidamente, desarrollaron la industria de los colambres, esto es de los cueros y también de la extracción de grasa animal.”[10]

Por los datos con que se cuenta, el sitio parece ser conocido desde mediados del siglo XVI, lo citaba el cosmógrafo Juan López de Velasco y posteriormente el alcalde mayor de Yucatán don Diego de Quijada, pero ¿qué santo de nombre Juan es?, ¿el Bautista o el Evangelista?, esto queda aclarado con una afirmación concreta que hace Molina Solís en su obra Historia de Yucatán durante la dominación española en la que hace referencia a una carta del obispo Fray Diego de Landa fechada el 26 de febrero de 1576 firmada en San Juan Bautista de Tabasco, y no es que ese fuera el título completo del asentamiento, sino que había sido concretamente San Juan Bautista perteneciente a la provincia de Tabasco.[11]

Tomando en cuenta los dos entes religiosos que tuvieron fricción por su expansión sobre la provincia de Tabasco, los franciscanos y los dominicos, los primeros en la Chontalpa con la visita que tenían en Gueymango dependiente del convento de Huitiupán (que si bien eran de la provincia del Santo Nombre de Jesús de Guatemala pasó a la administración franciscana josefina de Yucatán) y posteriormente con la segunda entrada de ellos en los Ríos, provenientes del convento grande de Mérida, para asentarse en la región que comprende hoy Tenosique y Balancán, los segundos ocuparon más concretamente el área de la serranía tabasqueña desde Oxolotán hasta Astapa, por lo tanto la famosa estancia de San Juan a mediados del siglo XVI estaba en la línea divisoria entre las que serían durante la década de los 50’s las dos provincias religiosas más conocidas del sureste de la Nueva España y al mismo tiempo de la Audiencia de Guatemala.

Los franciscanos al igual que los dominicos tenían una especial devoción por el mártir San Juan Bautista pues el martirio constituyó una semejanza con la “personalidad indígena”, que a causa de la situación decadentemente imperante en las comunidades indígenas, ya por la esclavitud observada en la encomienda, ya por todo el proceso de desintegración de la identidad de los mismos a causa de la evangelización, que como dice Aguirre en su obra citada:

“… colocan todo el énfasis en atributos como el dolor, la resignación y el martirio. Esta última propiedad es patognomónica de muchos héroes cristianos primitivos: el precursor del cristianismo Juan el Bautista, los apóstoles Pedro, Andrés, Juan el Evangelista y, posterior a ellos, Sebastián, sufren martirio y sólo salva de la muerte en patíbulo uno de ellos, Juan el Evangelista, gracias a la intervención personal de Cristo.”[12]

Como podemos apreciar claramente, los frailes rodearon de devociones martiriales a los pueblos de la provincia de Tabasco, mismos que aún perduran en las actuales parroquias, por ejemplo: San Juan Bautista es venerado en Iquinuapa y en Jalupa, en el actual Jalpa de Méndez que fue evangelizado por los franciscanos, así como San Pedro y San Pablo en Jalapa, el apóstol Santiago en Tapijulapa y en Teapa pueblos bajo la administración de los dominicos. A eso hay que agregar que los habitantes que se asentaron en San Juan como menciona Izquierdo fueron “criollos o mestizos” y no fueron indígenas, pero tenemos a pueblos prehispánicos asentados a muy corta distancia de ellos como Atasta o Tamulté en los cuales el patronazgo en el primero sigue la línea conducida por los evangelizadores, pues San Sebastián es patrón de Atasta, en cambio podemos atribuir que el Cristo de San Román (mismo que se venera en Campeche de filiación franciscana) fue introducido posteriormente, y que seguramente desde ahí era más fácil su administración que vivir en los pueblos indios.

Imagen titular de San Juan Bautista que se venera en la parroquia del mismo nombre en el poblado de Iquinuapa, Jalpa de Méndez. Propiedad fotográfica ELGJ, 2015.

Es así que esto nos lleva a expresar que la devoción por San Juan Bautista fue introducida por una gran influencia ya sea franciscana o dominica; pero podemos inclinarnos a pensar en la teoría de que fuera más dominica que franciscana por una cuestión muy concreta, cuando pasa la comitiva dominica con fray Bartolomé de las Casas que había sido nombrado obispo de Ciudad Real de Chiapa en marzo de 1545, dice Remesal que en los lugares donde iba pasando el obispo se habían construido capillas o pequeñas iglesias con materiales perecederos para hospedar y celebrar la divina liturgia como ocurrió en los pueblos de Tacotalpa, Tecomaxiaca y Teapa, siendo que el trayecto recorrido por fray Bartolomé fue desde la villa de Santa María de la Victoria por todo el río Grijalva hasta el río de la Sierra que seguramente de haber una estancia en ese trayecto debió realizar una estación para descansar, si bien no lo menciona Remesal, podríamos suponer que entre los dos puntos equidistantes entre la citada villa y Tacotalpa debió haber un descanso en la ruta.[13]

Es así que una pequeña capilla o iglesia de una estancia llamada San Juan Bautista se convertirá progresivamente en un templo como los demás de la provincia, realizados con material perecedero que debió reconstruirse cada que se requiriera, pero no llegó a ser parroquia inmediatamente hasta el traslado completo del poblado y las autoridades de la villa de Santa María de la Victoria el 6 de junio de 1641 al asentamiento de San Juan Bautista que ya le habían agregado el calificativo de Villahermosa, o sea, villa hermosa, que sin ser villa en todo el sentido jurídico, ahora con la traslación de las autoridades, “dejaba de ser un asentamiento irregular y se convierte en una villa legalmente establecida, como capital de la provincia de Tabasco…”[14]. Se ha comentado en muchos textos que le han seguido, que a San Juan Bautista se le colocó ese nombre en honor al capitán Juan de Grijalva, así lo explica López Reyes en su Historia de Tabasco,[15] sin embargo, como hemos venido explicando y exponiendo, muy lejos estaba aún que una población llevase el nombre de un personaje hasta que los gobiernos posteriores a la independencia los reglamentaran.

Lápida de la sepultura del Ilustrísimo Sr. Dr. Dn. Diego Bernardo de Peredo y Navarrete, obispo de Yucatán, fallecido el 21 de marzo de 1774 en San Juan de Villa Hermosa. Propiedad fotográfica Mtro. Ángel Gutiérrez Romero, Catedral de Mérida de Yucatán.

Al momento de despoblarse Santa María de la Victoria y hacer efectivo el traslado, San Juan Bautista pasó a ser la parroquia, que según fundamentos históricos y arqueológicos, ésta se encontraba en el sitio exacto donde hoy es la plaza de armas en el centro de la villa, con el paso del tiempo ésta fue mejorando su aspecto por ser la parroquia principal de la provincia, donde fue colocada la llamada imagen de Santa María de la Victoria (y que posteriormente fue viniendo a menos al trasladar la capital al pueblo de Tacotalpa en 1667), ahí mismo fue sepultado el obispo de Yucatán, Dr. Diego Bernardo de Peredo y Navarrete el 21 de marzo de 1774 cuando hacía su visita pastoral en Tabasco.[16]

La vida activa de la parroquia es evidente a lo largo de todo el periodo colonial, a pesar de la constante dispersión que seguía ocasionando la piratería hasta principios del siglo XVIII, a pesar del traslado de la imagen titular de Santa María de la Victoria de su antigua parroquia en la villa del mismo nombre, San Juan Bautista no dejó de ser el patrón oficial de la nueva capital de la provincia, sin pensar aún el constante cambio aparente de formas de nombrar al asentamiento, desde San Juan Bautista de Villa Hermosa, Villa Hermosa, San Juan de Villa Hermosa, Villa Hermosa del Puerto, Ciudad de San Juan Bautista de Tabasco, recorriendo desde el siglo XVII hasta el XIX. A pesar de ese cambio turbulento en la nomenclatura oficial, el patrón San Juan seguía siendo venerado en su parroquia, única en todo el espacio desde que los poderes habían vuelto a ella en 1795, también, si hemos de creer en la información dada por López Reyes, en la cual el gobernador Francisco Amuzquivar:

“Estando en Villa Hermosa en abril de 1787 mandó reconstruir la iglesia parroquial que estaba en medio de la Plaza Mayor; el albañil que hizo la nueva construcción fue el maestro don José Arana. La antigua de setos y paja fue substituida por otra de ladrillos y teja criolla, materiales que llegaron a Villa Hermosa en <<bongos o gallos>> provenientes de Tacotalpan y Veracruz.”[17]

Mientras se construía un mejor templo, la imagen de la virgen de la Victoria fue colocada en el fortín de la Encarnación, donde seguramente también se colocó la imagen de San Juan Bautista que al inaugurarse nuevamente fueron trasladados al nuevo templo en “la Octava de Corpus, el 5 de junio de 1788” al incendiarse el espacio que los resguardaba provisionalmente. Ni 20 años duró la construcción en la cual “a fines de 1811 se derribó la iglesia parroquial… y levantar otra más suntuosa…” afirma López Reyes, sin embargo, por una fuente externa proveniente de un investigador yucateco me aseguró que Andrés Girón, entonces gobernador de la provincia, en desavenencias con el clero y por tener ideas liberales quiso destruirla para no volver a construirla, tal como sucedió.[18]

Catedral de Esquipulas, ca. 1922. Propiedad fotográfica J. Tirado, AHFT.

Esta acción obligó a elevar la pequeña capilla del Señor de Esquipulas que se encontraba en la loma y constituirla en parroquia provisional, trasladando las imágenes sagradas hasta ella, donde quedaron a perpetuidad. Como podemos apreciar en todo el recuento que hemos hecho, San Juan Bautista no perdió vigencia a pesar de las contrariedades sociales que se vivía en la provincia y ya independiente México, como un estado libre y soberano. A pesar del paso del tiempo, no se le negó a San Juan poder celebrar su fiesta solemne cada 24 de junio, bien es recordado el Panegírico que compuso el vicario in cápite de Tabasco, fray Eduardo de Moncada, OFM en 1854 donde resalta unos puntos que desde la perspectiva religiosa e histórica, dan por afirmada la tesis que venimos sosteniendo del patrocinio del predecesor de Cristo, refiere:

En consecuencia, nosotros no debemos sino tributar testimonio, de respeto, sentimientos de amor y veneración al cual fue santo antes de nacer, el mayor de los nacidos, y el más grande delante de Dios; como así mismo el que nuestras almas y nuestros corazones se penetren de un gran júbilo, al contemplar el alto honor y la dicha que nos ha cabido de tener por titular y Patrón de esta noble ciudad, al que fue la maravilla del Evangelio, el virgen, el mártir, el mayor de los Profetas, y el Ángel que preparó los caminos del Señor.”
“… Nosotros también, católicos, no como simple vecinos y deudos del gran Bautista, sino como hijos predilectos y especiales protegidos suyos, siendo nuestro Patrón y gran Protector, participamos de aquel espiritual regocijo que señaló su gloriosa venida al mundo. En nosotros se cumplen en cierto modo muy literalmente las palabras del Ángel Gabriel a su padre Zacarías: Et multi in nativitate ejes gaudebunt: Y muchos se regocijarán en el día de su nacimiento; pues con particular motivo y como un deber de nuestra fe y veneración, celebramos llenos de regocijo este día tan precioso, lleno de las misericordias del Señor.”
“A este religioso contento, añádese, señores, el que igualmente experimentamos por cumplirse hoy un año que nuestro Exmo. Sr. Gobernador rige los destinos de este pueblo; y quien con noble empeño ha procurado incesantemente sus mejoras, debiéndose a su enérgico celo más respetuosidad y esplendor de la religión, que él profesa tan sinceramente; la supresión de los vecinos, aun los que parecían poderosamente arraigados; la paz, la seguridad que se disfrutan, con grande esperanza de ser duraderas, la idea, en fin, de un porvenir más venturoso bajo el tino  y bondad de su Gobierno; por lo que ciertamente debemos persuadirnos que por una inspiración de lo alto fue escogido para regirnos, y tendremos la dicha de su muy prolongada permanencia. ¿Qué no podemos prometernos de un Jefe de tan acendrada lealtad al Supremo de la nación, a los deberes de su destino, y de tan manifiesta ansia por emprender y ejecutar lo que tiende a la dicha y felicidad del país, muy particularmente por la edificación y reparación de nuestros templos? ¿No brilla ya en gran manera su mérito y afianza, aumenta su opinión el amor que le profesamos?”
“Sí, Exmo. Señor y dígnese V. R. percudirse de estos sinceros sentimientos, que son los de la generalidad y de proseguir en sus generosos esfuerzos. La viña del Señor necesitaba activos y esforzados cultivadores: el cielo misericordioso se ha dispensado; la mano ilustre de V. E. ha sido la escogida para este suelo, y lo se cansará jamás hasta contemplar la época del progreso, de la paz y de la moral que felizmente ha iniciado, confiando de que el ilustre patrón de Tabasco le prestará su alta protección, para que sean felices y prósperos los días de su mando, y viva siempre grato el recuerdo del primero.”[19]

Desprendemos varios puntos que se nos hacen interesantes, el primero es que San Juan Bautista sigue siendo el patrón celestial de la ciudad de San Juan Bautista de Tabasco; segundo que la solemnidad con la que se celebraron sus fiestas fue motivo de un Panegírico, es decir, un discurso doctrinal que se realiza en las funciones religiosas más importantes en templos, parroquias o basílicas y tiene la finalidad de sustituir el sermón litúrgico dentro de la misa; tercero evoca no solamente el ser precursor de Cristo, sino entrevemos la relación predecesor – Cristo – ciudad, es decir, colocar la ciudad de San Juan Bautista como la predecesora entre todas las ciudades de México, donde es la entrada de la civilización y la fe; cuarto pone al Gral. Manuel María Escobar, entonces gobernador, como el garante de la grandeza de Tabasco y lo eleva como un segundo protector y precursor por los grandes beneficios a que le han constituido en bondad y acierto en su gobierno y por último, tomar conciencia de que los ciudadanos son súbditos del Supremo gobierno de la nación y que deben ayudar a fortalecer los lazos de paz y seguridad bajo el patrocinio de San Juan Bautista, el mártir.

Antigua imagen de San Juan Bautista datada probablemente del siglo XIX que se veneraba en la Catedral de Esquipulas. Propiedad fotográfica André Efrén Ordóñez Capetillo, 2019.

Por último, al fundarse la Diócesis de Tabasco, el documento respectivo Decretum dismembrationes Dioecesis Iucatanensis atque erectionis novae Dioecesis Tabasquensis in ditione Mexicana firmada en 25 de mayo de 1880 por el Secretario Consistorial, Mons. Pedro Lasagni, corona solemnemente la devoción a San Juan Bautista, no solamente como patrón de la ciudad sino de toda la nueva jurisdicción eclesiástica:

V.
Exinde ea paroecialis Ecclesia sub invocatione caelestis patroni S. Ioannis Baptistae, quae máxima populi christiani frecuentia celebratur, quaeque ibi ceteris Ecclesiis tum amplitudine tum sacra supellectile praestat, condignius in Cathedralem erigatur, eodemque tempore in suae matricis et metropolitanae Ecclesiae Mexicanae sufraganeam adsciscatur.[20]
V.
Además, la iglesia parroquial dedicada al celestial patrono S. Juan Bautista, que es la que mayor afluencia de fieles recibe y la que aventaja a las demás iglesias tanto en amplitud como en enseres sagrados, eríjasela de la manera más digna en Iglesia Catedral y agréguesela, al mismo tiempo, como sufragánea a su Iglesia matriz y metropolitana de México.[21]

De esta manera, San Juan Bautista quedó formalmente integrado no sólo en la historia religiosa de la capital, del estado de Tabasco y de todos los que a través del tiempo (como los franciscanos y dominicos) lograron que perdurara su imagen y patronazgo de forma trascendente e imponente como el “CAELESTIS PATRONI” es decir el “CELESTIAL PATRONO” de la ciudad de Villahermosa hasta el día de hoy.

Actual imagen de San Juan Bautista que es venerada en la Catedral del Señor de Tabasco. Propiedad fotográfica de André Efrén Ordóñez Capetillo, 2018.

Del texto desprendemos las siguientes conclusiones: a) las figuras martiriales de los primeros siglos fueron los íconos principales para dar cabida a la devoción por ellos, b) los hispánicos absorbieron la fe y la devoción de los misioneros cristianos que los evangelizaron y al mismo tiempo los instruyeron en la normativa de asimilar los santos protectores que se convertirían en patrones de sus pueblos y ciudades, c) que los frailes que evangelizaron la tierras recién conquistadas otorgaron patrones a cada pueblo en función del método de sustitución, d) que en Tabasco la confrontación entre las dos órdenes religiosas (franciscanos y dominicos) por el dominio del territorio otorgó también esos patronazgos según la devoción de sus religiones, e) que San Juan Bautista fue identificado en el primitivo asentamiento como una visión de lo precursora que sería una de las grandes ciudades y primeras de la Nueva España, f) que a pesar de las circunstancia sociales en la villa, San Juan Bautista no fue relegado a segundo término y siempre se le consideró como su “ilustre patrón” y g) este patronazgo alcanzó su máxima expresión con las letras apostólicas de la Santa Sede, confirmándose lo que desde hacía mucho se sabía, San Juan Bautista es el “celestial patrón” de la ciudad que lleva su nombre.

Lic. Eddy Lorenzo González Jiménez, historiador.




[1] Álvarez Gómez (2001), 103-104.
[2] Sánchez Herrero (2001), 37-40.
[3] Ricard  (2010), 223.
[4] Godoy Patiño (1985), 48-54.
[5] Ricard (2010), 83, 85 – 86.
[6] Aguirre Beltrán (1992), 93.
[7] Morales (1993), 121.
[8] Ugalde García (2008), 7.
[9] Salazar Ledesma (1992), 32.
[10] Izquierdo y de la Cueva (1995), 15.
[11] Molina Solís (1901), T. I, 163.
[12] Aguirre Beltrán (1992), 93.
[13] Remesal (1932), 370.
[14] Ruz (2005), 110.
[15] López Reyes (1980), 83.
[16] Ibídem, 92.
[17] Ibídem, 94.
[18] Rivero Canto (2014), comunicación personal.
[19] Moncada (1854), transcripción.
[20] Lasagni (1880), 77.
[21] Lasagni (1880), traducción Antonio Barrero Avilés.


CONFERENCIA DISERTADA EL DÍA SÁBADO 22 DE JUNIO DEL PRESENTE AÑO EN EL MUSEO DE HISTORIA DE TABASCO "CASA DE LOS AZULEJOS" CON MOTIVO DE LOS FESTEJOS DEL 455 ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE VILLAHERMOSA. 

sábado, 25 de mayo de 2019

LA FUNDACIÓN DE LA DIÓCESIS DE TABASCO

1864-1886. Segunda Parte.


... hágase el Obispado…

            El año de 1864, representó para el Ilmo. Dr. Dn. Leandro Rodríguez de la Gala y Enríquez,[1] Administrador Apostólico de Yucatán un momento clave en los inicios de su ministerio pastoral. Con notable visión se dio cuenta de las graves situaciones en que se encontraba Tabasco en el área espiritual, por ello, con ayuda del joven Pbro. Crescencio Carrillo y Ancona convinieron la necesitad de fragmentar la Diócesis yucateca para dar cabida a la creación de la de Tabasco, para ello, nombró al Cango. Pbro. Manuel José Delgado,[2] Maestrescuelas de la S. I. C. quien solicitó la anuencia del Metropolitano, que lo era entonces el Ilmo. y Excmo. Sr. Dr. Dn. Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, Arzobispo de México. Las gestiones se detuvieron por variadas razones, entre ellas, la Guerra de Castas que aún asolaba Yucatán, el sentido fallecimiento del Pontífice Pío IX y la muerte del Cango. Maestrescuelas.

Ilmo. y Excmo. Sr. Dr. Dn. José Leandro de la Santísima Trinidad Rodríguez de la Gala y Enríquez, XXXV° Obispo de Yucatán. Retrato de la Sala Capitular de la Santa Iglesia Catedral de Mérida de Yucatán.

No fue hasta que en 1878, cuando fue comisionado el Pbro. Lic. Vicente de Paúl Andrade y Pau de la Congregación de la Misión,[3] para agitar el correspondiente asunto con el Arzobispo de México.[4] Andrade tenía ya un largo camino recorrido como gran bibliógrafo, historiador, literato y eclesiástico connotado, los conocimientos que adquirió a lo largo de su preparación sacerdotal en la Congregación de la Misión lo predeterminaron para ocuparse con grandes éxitos en los negocios que la Iglesia Mexicana le encargó, que no fueron pocos. Así, el Arzobispo de México elevó en junio de 1879 ante la Santa Sede las llamadas “Preces” a S.S. León XIII, solicitando la gracia de ver elevado el Vicariato in cápite de Tabasco a categoría de Obispado. Cuya respuesta no tardó en enviarla el Secretario de la Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios, Mons. Domingo Ma. Jacobini a Mons. Labastida y Dávalos en carta del 9 de octubre de ese mismo año, donde se aceptaba la presente solicitud y pedía el envío de una serie de noticias relativas a cuestiones territoriales, políticas, económicas, sociales, culturales y estadísticas.[5]

            En esta parte fundamental era donde entraba en acción la presencia indispensable de Andrade para lograr el cometido del Obispado, y llevándose la información solicitada, se embarcó en Veracruz y salió para la Ciudad Eterna el 15 de diciembre de ese mismo año. Llevaba consigo la cantidad de “un mil pesos” que se tomó en préstamo para los gastos requeridos.[6] Las directrices las manifestaba Andrade con Mons. Domenico Ma. Jacobini y éste con el Secretario de la Sagrada Congregación Consistorial, Mons. Pietro Lasagni que desde 1879 hasta 1880 estuvieron plenamente en diálogo para augurar el buen éxito de la encomienda. El asesoramiento sobre este asunto lo tuvo Andrade con el agente romano del Episcopado Mexicano, Sr. Enrico Angelini, versado en asuntos diplomáticos eclesiásticos. Entregada la documentación a principios de 1880, se procedió al estudio del caso de Tabasco, los requerimientos conforme al derecho canónico y a los Sagrados Concilios.[7]

Ilmo. Sr. Cango. Dr. Manuel José Delgado, Maestrescuelas de la Santa Iglesia Catedral de Mérida de Yucatán. Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Yucatán.

            Mons. Pietro Lasagni estudió con una comisión la situación de la Diócesis de Tabasco detenidamente, las discusiones se presentaron, opiniones y confrontaciones surgieron con respecto de un Estado que abarcaba un amplio territorio, pero que los problemas políticos hacían inestable el sostenimiento de un Obispado, además que las rentas eclesiásticas no se darían en forma debida para manutención del cabildo catedral ya que la entidad está poblada en su mayoría por indígenas que “viven en una decadencia lamentable”. Sin embargo, se presentó a ejemplo el caso de otros Obispados donde los territorios son mucho más pequeños y a pesar de ello, sostienen un nutrido número de sacerdotes y clérigos con un Seminario Conciliar. Al final de estas discusiones, los miembros concluyeron darle el fallo positivo a la creación de la Diócesis.[8]

            El negocio no estaba completo sin la anuencia del Cabildo de la Santa Iglesia Catedral de Mérida de Yucatán que firmaron todos en conjunto la petitoria anexa al documento general que Mons. Rodríguez de la Gala envió a Mons. Labastida y Dávalos, sabemos que seguía involucrado en el asunto el ahora Canónigo Carrillo y Ancona ya que firma la petitoria en primer lugar. Los documentos fueron manejados con gran habilidad y destreza por el Sr. Angelini quien en comunicación constante argumentaba con Andrade sobre la posibilidad de adelantar las gestiones y lograr lo antes posible la anhelada fundación. En una de las sesiones preliminares con Mons. Lasagni, discutieron sobre la superficie territorial que debía tener el dicho Obispado, Mons. Rodríguez de la Gala se había carteado con los Obispos de la Provincia Mexicana, o sea, el de Antequera (Mons. Vicente Fermín Márquez y Carrizosa) y el de Chiapas (Mons. Fray Ramón María de San José Moreno y Castañeda, O.C.D.), éstos manifestaban el deseo de fragmentar algunos territorios de sus respectivas jurisdicciones por razones de pastoral cuidado, información que llegó a manos del Sr. Angelini el 20 de febrero de 1880.[9] El Obispo de Chiapas entregó a la Santa Sede un plano topográfico donde se especificaban las parroquias que debían pasar a la administración de la nueva Diócesis de Tabasco, situación que creó conflicto con su cabildo catedral y el representante de éste, el canónigo Vicente Francisco Molina, pero fue superado.[10]

Ilmo. Sr. Cango. Lic. Vicente de Paúl Andrade, CM, Decano de la Insigne y Nacional Colegiata de Guadalupe. Álbum de la Coronación de la Santísima Virgen de Guadalupe, 1895.

            Las formalidades habían dado fruto en este proyecto eclesiástico, Mons. Rodríguez de la Gala aconsejado por el Pbro. Carrillo y Ancona estaban a punto de fragmentar la Diócesis de Yucatán con la idea de lograr en un futuro no tan lejano, la elevación de Yucatán a rango de Arquidiócesis, y Tabasco sería un buen punto de referencia. Mientras tanto Mons. Jacobini comunicaba a Mons. Lasagni el 26 de abril que el Papa estaba al tanto de esta gestión porque recibía constantemente documentación de México donde el Arzobispo Labastida le recordaba el proceso que se estaba llevando a cabo en las dependencias de la Santa Sede.[11]

A principios de mayo de 1880, se determinaron los últimos puntos que durante los 4 meses anteriores se habían estudiado en la comisión de la Sagrada Congregación Consistorial, y habiéndose aprobado cada resolución se presentó la minuta a mediados del mes y el 25 inmediato, Mons. Pietro Lasagni expidió el Decreto de desmembramiento que fue firmado por Su Santidad el Papa León XIII llevando el título de “Cum iuxta Apostolicum affatum Episcopi”, que con 17 puntos observaba la forma canónica de erección en ciudad episcopal de San Juan Bautista, nombrándose patrón celestial, los privilegios y derechos que se le otorgaban a la Catedral, la organización de capítulo de canónigos, el cobro de diezmos para la fábrica y el sagrario de la Iglesia Catedral y las funciones pastorales a las cuales debía estar destinada.[12]

            Dos días después se firmó el Acta que debía enviarse al Obispo de Yucatán por medio de Andrade y que debía hacerla efectiva el Arzobispo de México como Metropolitano que es de la Provincia Mexicana.[13] A tal efecto se apresura Andrade a enviar una carta el 1 de junio próximo a Mons. Rodríguez de la Gala para notificarle sobre la fundación efectiva de la Diócesis de Tabasco y las directrices en que debía atenerse sobre los puntos resueltos. Solo había que resolver dos problemas, uno territorial-jurisdiccional y otro del candidato idóneo para ocupar la mitra, aunque el Decreto marcaba que era todo Tabasco, los Obispados vecinos otorgaron nuevas parroquias para la administración espiritual del nuevo pastor que llegaría a gobernarla. Por lo menos, esta situación se tomó en común acuerdo entre el Arzobispado de México y la Diócesis de Yucatán, sin embargo, la otra necesitaba un poco más de tiempo para gestionarse en Roma.[14]

            Con respecto al territorio la Carta Pastoral del 30 de diciembre de 1881, demarcaba ya los límites que tendría la reciente creada Diócesis: San Juan Bautista que era elevada a ciudad episcopal y su parroquia del Sr. de Esquipulas en catedral, Teapa, Jalapa, Tacotalpa, Usumacinta, Macuspana, Nacajuca, Jalpa, Cunduacán y Villa-Frontera que originalmente habían constituido la Vicaría in cápite y ahora se anexaban Huimanguillo que pertenecía a la Diócesis de Antequera y Palenque, Tila, Moyos y Pichucalco a la Diócesis de Chiapas.[15] El problema aún no estaba del todo resuelto, Andrade recibe una carta el 23 de junio de 1882 del Obispo de Chiapas donde informaba que cedía varias parroquias más de su Obispado para que las administrara Tabasco, éste documento era expedido meses después de la Carta Pastoral antes mencionada, aparte de esas parroquias, también las de Rosario, Pueblo Nuevo, Amatán, Sacati, Moyos, Sabanilla, Almendro, Yajalón, Chilón, Bachajón, Pueblo Viejo y El Real (con la mitad de la selva Lacandona hasta los límites con Comitán).[16]

Las parroquias existentes en el territorio tabasqueño y las que fueron cedidas primeramente por las Diócesis de Chiapas, Antequera y Yucatán en la Carta Pastoral que expidió el Obispo Leandro Rodríguez de la Gala y Enríquez en diciembre de 1881. Este mapa está tomado del Mapa Digital de México, versión 5.0 del INEGI y ha sido modificado por el autor.

Yucatán por su parte en la citada Carta Pastoral hacía extenso el conocimiento de que también cedía algunas parroquias cercanas a Tabasco como Palizada con Jonuta, Sabancuy y Chicbul, cuya notificación fue recibida por el Pbro. Fernando Ma. Torres y Hernández, CM vicario general del Obispado de Tabasco el 10 de mayo de 1882. Pero dos años después el Obispo tuvo que devolver las parroquias de Sabancuy y Chicbul por no poderlas atender en visita episcopal por su lejanía de la capital, únicamente quedó integrada la municipalidad de Palizada de Campeche con Jonuta en Tabasco.[17] El Obispado de Tabasco quedaba constituido territorialmente mucho más grande en lo espiritual que en lo civil.

            Ahora tocaba el turno disputarse el mando del Obispado, la fuerte corriente existente en Yucatán sobre el control de su territorio peninsular tanto política como espiritualmente, significó una acalorada imposición entre dos instituciones algo dispares, la Diócesis de Yucatán y la Congregación de la Misión. Desde que se nombró a Andrade como comisionado, las pretensiones de Yucatán fueron colocarlo a él para prelado de la nueva sede; las simpatías entre el Pbro. Carrillo y Ancona y Andrade surgieron a raíz de sus excelentes trabajos históricos y literarios. De esta manera, Mons. Rodríguez de la Gala estaba convencido que Andrade sería un buen candidato a ocupar la sede tabasqueña. Al fundarse ésta, el Papa lo presenta como su primer prelado.[18] A pesar de esta presentación, aún no estaba preconizado en el Consistorio; Mons. Labastida y Dávalos opinaba si había algún obstáculo él mismo mandaría la información necesaria a Roma sobre su institución para Obispo.[19]

Extensión territorial – jurisdiccional que abarcó la Diócesis de Tabasco con 28 parroquias en 1885 diseminadas en 3 estados de la República Mexicana, nótese las 16 parroquias que cedió finalmente la Diócesis de Chiapas. Este mapa está tomado del Mapa Digital de México, versión 5.0 del INEGI y ha sido modificado por el autor.

            Lamentablemente la buena posición de Andrade se vio ofuscada por el testimonio negativo que presentó su antiguo protector y maestro, el Pbro. Agustín de Jesús Torres, CM que fungía como Visitador de la Congregación de la Misión en México donde informaba la mala conducta de Andrade a sus Superiores y el proceso de expulsión que estaba pesando sobre él en México.[20] Esta participación de Torres y Hernández, CM motivó al Arzobispo de México para presentarlo como un buen candidato a ocupar la nueva sede, cuya noticia cayó como un golpe a la autoridad de Rodríguez de la Gala.[21] Así, fue preconizado el R.P. Apolinario Agustín de Jesús Torres y Hernández, CM como primer Obispo de Tabasco en el Consistorio del 18 de noviembre de 1881 en Roma.[22] Fue consagrado el 19 de febrero de 1882 en la Colegiata de Guadalupe por el Arzobispo de México, Mons. Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, asistido por Mons. Francisco de Paula Verea y González, Obispo de Puebla y Mons. Ignacio Montes de Oca y Obregón, Obispo de Linares.[23]

Esta fundación del Obispado y su primer prelado no fueron comunicados al Vicario in cápite de Tabasco, Pbro. Manuel Gil y Sáenz que se sintió traicionado por la Iglesia yucateca, ya que tenía aspiraciones para lograr la anhelada fundación y llegar a ser también su primer Obispo.[24] Preparaba todo espiritualmente para que se fundase un obispado en Tabasco, había establecido los Ejercicios de San Ignacio de Loyola, la Sociedad Católica, la Vela Perpetua, confesiones y comuniones, la devoción a los Sagrados Corazones de Jesús y María, devoción de los lunes a las benditas almas del purgatorio, la celebración de la Semana Santa con toda la suntuosidad en la capital San Juan Bautista donde era párroco.[25] El 4 de enero de 1882, le fue entregada una carta del obispo de Yucatán, la cual al recibirla, cesaba de todos sus cargos eclesiásticos (Vicario in cápite, Juez Eclesiástico de Tabasco y Cura Párroco de San Juan Bautista) y se le informaba de la llegada de unos sacerdotes que irían a recibir la documentación de Tabasco, no queriéndose ver en la vergüenza de parecer destituido, decide enviar su renuncia que llega justo antes de la llegada de los sacerdotes paulinos, el 27 del mismo mes, entrega al Pbro. Sabino Vega que se encargará de darle posesión al Pbro. Fernando Ma. Torres y Hernández, CM que estaba delegado del Arzobispo de México para dar fe jurídica de la elevación de la Diócesis de Tabasco, a partir de ese momento Gil y Sáenz se retira a la vida privada.

Ilmo. y Excmo. Sr. Dr. Dn. Apolinario Agustín de Jesús Torres y Hernández, CM, I Obispo de Tabasco. Galería fotográfica de los Obispos de Tabasco, Seminario Diocesano del Señor de Tabasco y Santa María de Guadalupe.

            Cuando a Torres y Hernández, CM lo trasladan a Tulancingo en 1885, nuevamente Yucatán ve una oportunidad para imponer a su antiguo candidato Andrade, la correspondencia entre Labastida y Dávalos con Carrillo y Ancona sobre ese asunto no fue ajeno a los círculos eclesiásticos de entonces,[26] pero ahora la decisión le tocaba a Roma, y no fue Andrade, fue otro sacerdote paulino o de la Misión, el R.P. José Perfecto Amézquita y Gutiérrez, CM quien resultó nominado, preconizado el 7 de junio de 1886 y consagrado obispo de Tabasco el 5 de septiembre en la parroquia de Guanajuato por el Obispo de León, Mons. Tomás Barón y Morales, asistido por los Obispos de Linares, Mons. Ignacio Montes de Oca y Obregón y de Tulancingo, Mons. Apolinario Agustín de Jesús Torres y Hernández, CM.[27] Con ello se dio fin a una larga lucha de poderes eclesiales, relaciones diplomáticas e imposiciones episcopales.

            A manera de conclusión tenemos que: a) durante los siglos anteriores se pensó atender a Tabasco en lo espiritual con la fundación de un Obispado que no se logró por la poca importancia que le dio la Corona a la evangelización en el territorio; b) la ambición del Obispado de Yucatán por lograr ser una Arquidiócesis motivó la fundación del de Tabasco; c) las irregularidades con las que se movían los límites territoriales de la entidad ocasionaron que el Papa no definiera la jurisdicción territorial que demarcaría la nueva sede; d) las disputas por ocupar la mitra episcopal fue orientada a las pretensiones de Yucatán sobre el dominio y control de la península en lo espiritual. Todo esto nos demuestra que en 2 décadas de continuas gestiones, los tabasqueños no tuvieron siquiera la más mínima participación en el asunto que manejaron la Diócesis de Yucatán y el Arzobispado de México y únicamente aceptaron la fundación del Obispado porque requerían los cuidados pastorales de un prelado de forma más efectiva y cercana.

Lic. Eddy Lorenzo González Jiménez, historiador.

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F U E N T E S   D O C U M E N T A L E S   Y   B I B L I O G R A F I C A S

ARCHIVO SECRETO VATICANO (ASV)

1. Decretum dismembrationis dioecesis Iucatanensis atque erectionis novae dioecesis Tabasquensis in ditione Mexicana. Acta Leonis XIII, Vol. II, p. 74 – 81, 1880.
2. Carta de Rodríguez de la Gala y Carrillo y Ancona al Pbro. Vicente de P. Andrade sobre Tabasco. 31/12/1878. Congregazione degli Affari Ecclesiastici Straordinarii [A.E.S.]. Messico n. 63, fasc. 4, fs. 1-7.
3. Carta de Rodríguez de la Gala a Enrico Angelini. 20/02/1880. A.E.S. Messico n. 63.
4. Carta borrador de Domenico Jacobini a Pietro Lasagni. 26/04/1880. Acta Congregationis Consistorialis [A.C.C.]. Fasc. 16.
5. Minuta del Acta de desmembración de Yucatán y erección de la diócesis de Tabasco. A.E.S. Messico n. 63, fasc. 3, fs. 1-5.
6. Acta de desmembración de Yucatán y erección de la diócesis de Tabasco. 27/05/1880. A.C.C. Fasc. 16, fs. 7-11.
7. Carta de Labastida y Dávalos al Papa León XIII, sobre la idoneidad de Andrade para Obispo de Tabasco. 15/07/1800. A.E.S. Messico n. 63, fasc. 1.
8. Carta de Jacobini a Rodríguez de la Gala. 09/11/1880. A.E.S. Messico n. 63, fasc. 4, fs. 4-5.
9. Decreto de desmembración de algunas parroquias de Chiapas e incorporación a Tabasco. 23/06/1882. A.E.S. Messico n. 45, fasc. 45, fs. 1-6.
10. Carta del Pbro. Agustín Torres, visitador de la Congregación de la Misión en México dando un testimonio negativo del Pbro. Andrade (s.f.). A.E.S. Messico n. 63.
11. Carta de Carrillo y Ancona al Papa León XIII, proponiendo a Vicente de P. Andrade para Obispo de Tabasco. 10/09/1885. A.E.S. Messico n. 105.
12. Acta Sanctae Sedis (ASS). Vol. XIV. Typis Polyglotta e Officinae S. C. De Propaganda Fide. Romae, MDCCCLXXXI.

ARCHIVO HISTÓRICO DE LA ARQUIDIÓCESIS DE YUCATÁN (AHAY)

1. Carta del Pbro. Andrade a Rodríguez de la Gala, notificándole que el Papa León XIII había instituido la nueva diócesis de Tabasco y designándolo a él para su primer Obispo. 01/06/1880.  AHAY, Librero 6, Est. 3, Caja 7, f. 13.
2. Nominación del Pbro. Agustín Torres para primer Obispo de Tabasco. 11/11/1881. AHAY, Librero 6, Est. 3, Caja 7, fs. 11-12.
3. Carta del Pbro. Fernando M. Torres al canónigo Carrillo y Ancona, sobre la agregación de la parroquia de Palizada a Tabasco. 10/05/1882. AHAY, Librero 6, Est. 3, Caja 7, f. 7.
4. Oficio notificando la devolución a Yucatán de las parroquias de Sabancuy y Chicbul, por no poder atenderlas el Obispo de Tabasco. 15/05/1884. AHAY, Librero 2, Est. 1, Caja Carrillo y Ancona 2, f. 13.

ARCHIVO CARRILLO Y ANCONA DEL SEMINARIO DE YUCATÁN (ACASY)

1. Carta de Enrico Angelini a Carrillo y Ancona, sobre la erección de Tabasco, el Pbro. Andrade para esa diócesis y ofreciéndose para procurar una mitra episcopal para Carrillo y Ancona. ACASY, Bolsa 32, f. 32.
2. Carta de Labastida y Dávalos a Carrillo y Ancona, sobre Vicente de P. Andrade para Obispo de Tabasco. 28/09/1884. ACASY, Bolsa 35, fs. 39-42.
3. Cartas de Carrillo y Ancona al Pbro. Andrade y al Arzobispo de México, sobre la postulación de Andrade para Obispo de Tabasco. 17/09/1885. ACASY, Libro de misas…, p. 209.

CENTRO DE APOYO A LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA DE YUCATÁN (CAIHY) AHORA BIBLIOTECA YUCATANENSE (BY)

1. Decimatercia Carta Pastoral: especialmente dirigida al clero y pueblo del Estado de Tabasco sobre la segregación de su territorio del de este obispado de Yucatán y su erección en nueva diócesis por gracia especial de Nuestro Santísimo Padre el Papa León XIII / del Illmo. Sr. Dr. D. Leandro Rodríguez de la Gala, dignísimo Obispo de Yucatán, Tabasco, etc. CAIHY, Fondo Reservado, Sección Folletería, XXXV – 1882 – 09.
2. Carta Pastoral de la Mitra de Yucatán al Vicario in Cápite del Estado de Tabasco en contestación al oficio con que acompaña un ejemplar del decreto N. 24 de aquella H. Legislatura. CAIHY, Biblioteca Crescencio Carrillo y Ancona (BCCA), Fondo Reservado, Coloc. 253.09C37 – 1829.

BIBLIOTECA DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN (BUANL)

1. Cartas de Indias. Tomo I. Edmundo Aviña Levy. Guadalajara, Jalisco, México, 1970. Fondo Fernando Díaz Ramírez, coloc. 1020000697.
2. Catecismo Geográfico-Histórico-Estadístico de la Iglesia Mexicana por el Presbítero Br. Fortino Hipólito Vera, Cura Vicario foráneo de Amecameca. Imprenta del Colegio Católico, 1881. Fondo Emeterio Valverde Téllez, coloc. 1080026203.
3. Compendio Histórico, Geográfico y Estadístico del Estado de Tabasco, su autor Manuel Gil y Sáenz, presbítero. Tabasco, Tipología de José M. Abalos, 1872. Fondo Emeterio Valverde Téllez, coloc. 10800018033.
4. Episcopado mejicano nacional. Pequeña relación por orden cronológico de los Ilmos. Sres. Obispos nacidos en el suelo mexicano que han gobernado la iglesia en su país y los que fuera de la patria la han gobernado en otras naciones. Estracto formado por Manuel García y Moyeda. Socio de la “Cruz Roja” en España. León, México, Tip. Barredillo y Comp. – Montealegre, 1884. Fondo Ricardo Díaz Covarrubias, coloc. 1080012197.
5. El Obispado de Yucatán. Historia de su fundación y de sus obispos desde el siglo XVI hasta el XIX seguida de las Constituciones Sinodales de la Diócesis y otros documentos relativos. Por el Illmo. Sr. Dr. Don Crescencio Carrillo y Ancona, Obispo de la misma Diócesis. Miembro de la Sociedad Mexicana de Geografía, Estadística e Historia y de otras corporaciones científicas nacionales y extranjeras. Tomo I y II. Mérida de Yucatán, Imp. y Lit. de Ricardo B. Caballero, 1892. Fondo Emeterio Valverde Téllez, coloc. 1080015817 y 1080015818.
6. El primer obispado de la nación mejicana. Artículos publicados sobre esta materia y sobre otros puntos de nuestra historia por Juan Francisco Molina Solís. Mérida de Yucatán, Imprenta “Loret de Mola”, 1897. Fondo Ricardo Covarrubias, coloc. 1080012163.
7. Historia del antiguo Seminario de San Ildefonso por Serapio Baqueiro quien la dedica a su ilustrado amigo Martín Pereza Pacheco. Tipografía de G. Canto. Mérida, 1894. Fondo Emeterio Valverde Téllez, coloc. 1080015629.

BIBLIOGRAFÍA GENERAL

1. Andrade, Vicente de Paul: Noticias biográficas de los Ilmos. Sres, Obispos de Chiapas. Imprenta Guadalupana de Reyes Velasco. México, 1907.
2. Cárdenas y Romero, José Eduardo de: Memoria a favor de la Provincia de Tabasco en la Nueva España. Editor y estudio introductorio Miguel Ángel Díaz Perera. Grupo DG – ECOSUR. Tabasco, México, 2010.
3. Martínez Assad, Carlos: Breve historia de Tabasco. FCE – COLMEX – FHA. México, 2006.
4. Mestre Ghigliazza, Manuel: Datos para la biografía del Presbítero Manuel Gil y Sáenz en Gil y Sáenz, Manuel: “Compendio histórico, geográfico y estadístico del Estado de Tabasco”. Instituto de Cultura de Tabasco. Tabasco, 1979.
5. Mestre Ghigliazza, Manuel: Documentos y datos para la historia de Tabasco. Tomo I. Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. Villahermosa, 1984.
6. Rico Medina, Samuel: Los predicamentos de la fe. La inquisición en Tabasco 1567-1811. Gobierno del Estado de Tabasco. Instituto de Cultura de Tabasco. Villahermosa, 1990.
7. Ruz, Mario Humberto: Tabasco en Chiapas. Documentos para la historia tabasqueña en el Archivo Diocesano de San Cristóbal de las Casas. CEM, IIF, UNAM. México, 1994.

ARTÍCULOS

1. Jiménez Abollado, Francisco Luis: Los cambios jurisdiccionales  eclesiásticos en la Provincia de Tabasco durante el siglo XVI y principios del XVII en Estudios de Historia Novohispana. Vol. 36. IIH-UNAM. México, 2007, págs. 83-99.
2. Torre Villar, Ernesto de la: Erección de obispados en el siglo XVIII. El obispado de Valles en Estudios de Historia Novohispana. Vol. 3. IIH-UNAM. México, 1970, págs. 1-61.




[1] José Leandro de la Santísima Trinidad Rodríguez de la Gala y Enríquez nació en la ciudad de Mérida de Yucatán el 28 de febrero de 1814. Realizó sus primeras letras en Mérida, pasó al colegio de San Ildefonso en 1830, sostuvo varios actos públicos “con el mayor esplendor y lucimiento”. Recibió las 4 órdenes menores el 22 de septiembre de 1836, subdiaconado 2 días después, diaconado el 2 de octubre y el presbiterado el 11 de marzo de 1837. Catedrático de lengua latina, filosofía y teología moral. Vicerrector del Seminario Conciliar en 1846. Capellán del Santísimo Cristo de las Ampollas; Vocal Secretario de la Junta Eclesiástica de Censura; Examinador Sinodal y Canónigo Segundo de Gracia. Gobernador del Obispado sede vacante en 1863. Administrador Apostólico en abril del mismo año y preconizado como titular el 22 de marzo de 1868, gobernó hasta el 14 de febrero de 1887 en que falleció en su ciudad episcopal. Crescencio: El Obispado de Yucatán…, págs. 1063-1090; García y Moyeda, Manuel: El episcopado mejicano nacional…, p. 79.
[2] Decimatercia Carta Pastoral: especialmente dirigía al clero y pueblo del Estado de Tabasco…, 1882, pág. 6. CAIHY, Fondo Reservado, Sección Folletería, XXXV–1882–09. El Cango. Maestrescuelas Manuel José Delgado pertenecía a una familia pobre de Bacalar. Fue Rector y Vicerrector, Cura del Sagrario de la Santa Iglesia Catedral, Doctor en Teología, Licenciado en Derecho, Diputado al Congreso del Estado en 1850, Consejero de Gobierno en 1858, y finalmente Canónigo Maestrescuelas, falleció en junio de 1872 en Mérida de Yucatán. Baqueiro, Serapio: Historia del antiguo Seminario de San Ildefonso…, p. 24.
[3] Vicente de Paul Andrade y Pau nació el 23 de febrero de 1844 en la ciudad de México. Estudió las primeras letras en el colegio-seminario de los vicentinos en León, Guanajuato. Muy joven entró en la Congregación de la Misión, 12 de noviembre de 1863 y dos años después tomó los votos. Se fue a París para continuar sus estudios teológicos en la casa madre de la Congregación y se ordena sacerdote el 19 de diciembre de 1868. Estuvo en los seminarios de Jalapa, Zacatecas, la ciudad de México, Puebla y en la casa central de San Lorenzo en donde llegó a ser tesorero y secretario en 1877. Encargado de los negocios para la fundación de la Diócesis de Tabasco. Por incomprensiones y serios problemas de la Congregación, tuvo que pedir su exclaustración. La Congregación Consistorial le tomó en cuenta para Obispo de Yucatán y para la de Tabasco, pero después desistió en la idea. Cura del Sagrario Catedral de México y Canónigo de la Colegiata de Guadalupe en 1887. Falleció el 17 de agosto de 1915 en la ciudad de México. Poole, Stafford, CM: The eventful life of Vicente de Paul Andrade…, págs. 11-34.
[4] Se le facultaba como procurador ad hoc para cumplir con su misión. Carta de Rodríguez de la Gala y Carrillo y Ancona al Pbro. Vicente de P. Andrade. 31/12/1878. A.E.S., Messico n. 63, fasc. 4, fs. 1-7.
[5] Esta carta fue publicada por el periódico capitalino La Voz de México el 24 de diciembre de 1879 con el título “Diócesis de Tabasco”, reproducida por Mestre Ghigliazza, Manuel: Datos para la biografía del Presbítero Manuel Gil y Sáenz en Gil y Sáenz, Manuel: Compendio histórico…, pág. XIV.
[6] Decimatercia Carta Pastoral: op. cit., 1882, pág. 7. CAIHY, Fondo Reservado, Sección Folletería, XXXV–1882–09.
[7] Carta de Rodríguez de la Gala a Enrico Angelini. 20/02/1880. A.E.S. Messico n. 63; Carta borrador de Domenico Jacobini a Pietro Lasagni. 26/04/1880. A.C.C., Fasc. 16.
[8] Aún no se había demarcado específicamente el territorio que ocuparía la nueva sede episcopal, este asunto fue tratado con la mayor solicitud e interés de los prelados de Antequera, Chiapas y Yucatán. Minuta del Acta de desmembración de Yucatán y erección de la diócesis de Tabasco. A.E.S. Messico n. 63, fasc. 3, fs. 1-5.
[9]Por circunstancias históricas estos territorios colindantes tenían una proximidad más acentuada a Tabasco que a sus respectivas sedes. Carta borrador de Domenico Jacobini a Pietro Lasagni. 26/04/1880. A.C.C., Fasc. 16.
[10] Mons. Moreno y Castañeda tuvo serios problemas con su cabildo catedral quienes no se encontraban de acuerdo en ceder la mayor parte de las parroquias del norte de la Diócesis pertenecientes a las comunidades indígenas zoques y choles. El canónigo Molina afirmaba el 3 de agosto de 1882 en una carta al que sería el primer obispo de Tabasco los inconvenientes que esta anexión traería como: “1) La fragosidad de los caminos impide la visita a los pueblos; 2) Los curas que queden encargados de esos pueblos estarán sujetos en lo político a Chiapas y en lo eclesiástico a Tabasco; 3) Trastorno de los límites políticos de los estados. En resumen, duda sobre la validez de tal jurisdicción.” Ruz, Mario Humberto: Tabasco en Chiapas…, p. 42.
[11]Carta de Rodríguez de la Gala a Enrico Angelini. 20/02/1880. A.E.S. Messico n. 63.
[12]Decretum dismembrationis dioecesis Iucatanensis atque erectionis novae dioecesis Tabasquensis in ditione Mexicana. Acta Leonis XIII, Vol. II, 1880, págs. 74-81.
[13] Acta de desmembración de Yucatán y erección de la diócesis de Tabasco. 27/05/1880. A.C.C. Fasc. 16, fs. 7-11.
[14] Carta del Pbro. Andrade a Rodríguez de la Gala, notificándole que el Papa León XIII había instituido la nueva diócesis de Tabasco y designándolo a él para su primer Obispo. 01/06/1880.  AHAY, Librero 6, Est. 3, Caja 7, f. 13.
[15] Decimatercia Carta Pastoral: op. cit., pág. 8. CAIHY, Fondo Reservado, Sección Folletería, XXXV–1882–09.
[16] La Santa Sede en el párrafo II del documento de Desmembramiento anota que: “… Por tanto ha ordenado queden separados de la Diócesis de Chiapas y desmembrados los dos Departamentos vulgarmente llamados Pichucalco y Palenque, además los pueblos Rosario, Pueblo Nuevo, Amatán, Sacaiti, Moyos, Sabanilla, Almendra y Yajalón, que pertenecen al centro, con toda la extensión de tierra que ocupan los indios lacandones y toda la línea del territorio o Departamento que toca al otro del Palenque, desde el río Usumacinta hasta la línea que divide el Departamento de Comitán, en términos que de ese Departamento solo quedaran a Chiapas: Chilón, Bachajón, El Real, Pueblo Viejo y el Rosario (que no debe confundirse con el que ya se tiene mencionado arriba). Es voluntad de Su Santidad que los departamentos y pueblos mencionados, desmembrados y separados de la Diócesis de Chiapas, queden agregados, unidos e incorporados a la limítrofe Diócesis de Tabasco, como así lo ordena con la autoridad Apostólica de que goza, y eso con todos sus habitantes de uno y otro tipo, Iglesias, instituciones piadosas, derechos personales y mixtos y con todos sus accesorios de cualquier género que sean.”. Decreto de desmembración de algunas parroquias de Chiapas e incorporación a Tabasco. 23/06/1882. A.E.S. Messico n. 45, fasc. 45, fs. 1-6; Ruz, Mario Humberto: Tabasco en Chiapas…, p. 44.
[17] Decimatercia Carta Pastoral: op. cit. CAIHY, Fondo Reservado, Sección Folletería, XXXV–1882–09; Carta del Pbro. Fernando Ma. Torres al canónigo Carrillo y Ancona, sobre la agregación de la parroquia de Palizada a Tabasco. 10/05/1882. AHAY, Librero 6, Est. 3, Caja 7, f. 7; Oficio notificando la devolución a Yucatán de las parroquias de Sabancuy y Chicbul. 15/05/1884. AHAY, Librero 2, Est. 1, Caja Carrillo y Ancona 2, f. 13.
[18] Andrade a este respecto comentaba que el único camino que le quedaba: “…era renunciar, pero ni aún esto se me concede y con amargura suma tendré que inclinarme a la voluntad Divina, según me ha manifestado nuestro dignísimo Metropolitano. Ruego muy encarecidamente a V. S. I. [...] de guardar el secreto de mi nombramiento, hasta que sea preconizado, es decir, en el próximo Consistorio tal vez…”. Carta del Pbro. Andrade a Rodríguez de la Gala, notificándole que el Papa León XIII había instituido la nueva diócesis de Tabasco y designándolo a él para su primer Obispo. 01/06/1880.  AHAY, Librero 6, Est. 3, Caja 7, f. 13.
[19] Carta de Labastida y Dávalos a Carrillo y Ancona, sobre Vicente de P. Andrade para Obispo de Tabasco. 28/09/1884. ACASY, Bolsa 35, fs. 39-42.
[20] La problemática presentada en el caso del Pbro. Andrade, fue suscitada por incomprensiones entre los miembros de la Congregación de la Misión, los miembros españoles estaban en desacuerdo con las directrices de los Superiores mexicanos y éstos con los primeros, debido a que Andrade era uno de los favoritos y por el peso que suponía su familia sobre asuntos de la Congregación, fue visto con malos ojos y calumniado. Carta del Pbro. Agustín Torres, visitador de la Congregación de la Misión en México dando un testimonio negativo del Pbro. Andrade (s.f.). A.E.S. Messico n. 63; Poole, Stafford, CM: The eventful life of Vicente de Paúl Andrade…, págs. 18-23.
[21] Ni Torres, ni Rodríguez de la Gala sabían que Labastida nominaba al primero para Obispo. Nominación del Pbro. Agustín Torres para primer Obispo de Tabasco. 11/11/1881. AHAY, Librero 6, Est. 3, Caja 7, fs. 11-12.
[22] Ex Actis Consistorialibus, 18/11/1881 en Acta Sanctae Sedis, Vol. XIV. Typis Polyglotta e Officinae S. C. De Propaganda Fide. Romae, MDCCCLXXXI, p. 197.
[23] Poole, Stafford, CM: The eventful life of Vicente de Paul Andrade…, p. 17.
[24] Refiere Gil y Sáenz “… Serví a la Iglesia 30 años, me pagaron mal, y hace 22 que me retiré…”. Mestre Ghigliazza, Manuel: Datos para la biografía del Presbítero Manuel Gil y Sáenz en op. cit., p. XI.
[25] Hacía alarde de sus aspiraciones a obtener la mitra de Tabasco, pero mostraba la humildad digna de un sacerdote al decir que aunque “… los periódicos me pedían para Obispo, yo nunca he querido esa honrosa prisión…”. Más adelante en carta del 30 de noviembre de 1904 a Mestre Ghigliazza le comenta los motivos por el cual decidió separarse del servicio sacerdotal “… Desempeñé la Vicaría incápite, hasta 1882, que erigieron obispado a Tabasco, y como yo preparé eso para que fuera obispado, fue nombrado un tal Torres, y luego Amézquita; los dos me hablaron para servir, pero de segundo plato no quise y me retiré a la vida privada, en la que permanezco sin molestar a nadie…”, el calificativo de segundo plato seguramente fue porque no le ofrecieron ser canónigo de catedral o vicario general, sino simple sacerdote de pueblo, ocasionándole una ofensa a su dignidad. Ibídem.
[26] Carta de Carrillo y Ancona al Papa León XIII, proponiendo a Vicente de P. Andrade para Obispo de Tabasco. 10/09/1885. A.E.S. Messico n. 105; Carta de Labastida y Dávalos a Carrillo y Ancona, sobre Vicente de P. Andrade para Obispo de Tabasco. 28/09/1884. ACASY, Bolsa 35, fs. 39-42; Cartas de Carrillo y Ancona al Pbro. Andrade y al Arzobispo de México, sobre la postulación de Andrade para Obispo de Tabasco. 17/09/1885. ACASY, Libro de misas…, p. 209.
[27] Cabe decir que nuevamente aparece en campaña el Pbro. Manuel Gil y Sáenz para candidatearse como Obispo de Tabasco, las fuentes refieren que fueron 40 vecinos de San Juan Bautista quienes enviaron un pliego petitorio firmado al Arzobispo Labastida para que se tomara en cuenta al presbítero tabasqueño, sin embargo, de nada sirvió el empeño de estas personas. Ibídem.